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Parte 2.
Snow White.
Había la mañana plasmado un sol brilló pero el clima era un templado
sereno. Las calles cubiertas con nieve y los niños en su principal habían sido
los más felices, saliendo entre risas a los juegos en ella.
La ventana de cortinas abiertas dejó pasar los rayos luminosos que en su lugar fueron cálidos. Había solo la percepción calurosa en su rostro, algo así como una caricia tierna, como si el mismo sol quisiera llevarle el consuelo.
Qué podía ser?...muerto acaso?...un silencio enorme reinaba en su cabeza, había el momento, ninguna imagen o recuerdo de haber soñado. Había sin embargo un vacío doloroso dentro del pecho. Había sido el cálido en su rostro lo que manejaba traerlo a abrir sus ojos.
Inconsciencia probablemente. No sabía bien en realidad. Lentamente abrió los ojos, ello pegó la luz que lastimó pero de inmediato se adaptaba, la vista se enfocó luego, el techo blanco de la habitación. No era ningún muerto, era vivo.
Vivo...media sonrisa amarga se extendió por sus labios delgados, su sola mirada verdi-azul aún reflejaba el vacío corriente por sus venas.
Giró su cabeza al lado, era en una habitación donde el color imperaba blanco. A su lado, a algunos pasos la pared, ahí había un tocador sencillo con un espejo de media luna del mismo tono blanco, los utensilios del tocador, el closet mediano, una silla y un escritorio, todo en decorados rústicos pero en tono blanco. Era raro encontrar algún color impar dentro de la habitación. Pero diferente al color blanco náusea del hospital, este reflejaba más una inmensa paz.
Las sábanas blancas lisas al toque y la colcha afelpada le daban una sensación reconfortante, por un pequeño momento el dolor pasó detrás de él. Se enderezó entonces, observó la alfombra, su ropa había sido cambiada y entonaba con la habitación, junto a la cama unas pantuflas afelpadas igual, un espejo pequeño en el escritorio, una lámpara para trabajo, una mesa poco más pequeña al centro con las flores conocidas como ‘copo de nieve’ ya que eran en su totalidad blancas, el tallo no se veía en este caso, ya que el jarrón que las sostenía era de cuello alto.
Y como se había venido repitiendo ningún color fuera del blanco. La cama era quedando junto a la ventana grande y podía asomar perfectamente las cortinas eran abiertas blancas, afuera, la sola nieve cubría las calles y la copa del árbol pequeño del jardín aparente. Incluso la reja pequeña antes de la entrada era del mismo tono blanco.
Fue entonces cuando la perilla de la puerta de madera giró y la puerta abrió ligeramente. El sonido crujió ligero sobre sus oídos cuando ella abrió completamente, frente a él la persona seguramente dueña de la casa.
El joven había quedado de pie, callado, ninguna mirada de sorpresa, enfado o alegría en sus rasgos, ellos guardaron la tranquilidad aparente. La mano izquierda había quedado sobre la perilla mientras la otra mano era cargando una bandeja con alimento. El joven de cabellos rosas observó un tiempo más.
La persona de la casa era un joven delgado, aparente la figura fina hasta sus manos delicadas y sus dedos largos. La piel fue la más clara que él hubiera imaginado, en un tono que casi alcanzó los blancos de la habitación, solo que ella radiaba una vida diferente. El cabello lacio corto con flequillo en tonos grisáceos blanquecinos caía a los lados del rostro de rasgos finos, desde sus ojos grisáceos-blancos grandes pero a la vez rasgados ligeramente, la nariz afilada, los labios delgados y la boca pequeña. El cuerpo fino torneado en los lugares correctos, no músculos grandes, a la vez la gracia femenina corría por su figura.
La persona de la casa se giró entonces y cerró la puerta, entró entonces cogiendo la bandeja con alimento y caminó en pasos llanos hasta la silla que descansaba aún junto a la cama del joven de ojos verdi-azules.
Se sentó calladamente junto a él sobre la silla y acercó la bandeja hasta las piernas de su ‘invitado’ y dejó ahí calladamente.
El joven cabello rosa observó la comida. Leche en un baso, jugo de naranja en otro, bollos de chocolate, un coctel del frutas y quesadillas al lado en otro plato. Su cuerpo mismo es quien pedía algún alimento, pero...su alma tan solo deseaba alejarse, dejarse morir...ningún alimento para él. No ahora.
Desvió su vista apagada hacia la ventana, algunas aves cerca del árbol revoloteaban quitándose la nieve que enfriaba sus alas...
Nieve...tanto como el frío inhumano que albergaba su interior. Un suspiro callado salió de sus labios conforme su mirada entristeció y ensombreció. Su sorpresa fue cuando el sintió el abrigo cálido sobre sus hombres girando inevitablemente, apareciendo en los ojos profundos del joven de la casa. Esa mirada no era más que una tristeza profunda, él no hubo podido verlo, porque él estaba en condiciones parecidas. Pero sus ojos lo hacían reflejarse en ellos. Y los rasgos parecieron una súplica por él a tomar alimento. Sería este joven preocupado por él?...tanto?...pero si...sería posible?...
De alguna manera él se dio cuenta, su imagen reflejada era patética a la vista. Él no era así, aunque el deseó morirse por dentro el no era desatento, y la persona frente llevaba una preocupación llena en su rostro por lo que fuera a pasarle. Agradecidamente él sonrió a la persona de la casa. Sorprendió eso un pedazo porque su rostro cambió por breves instantes a esa actitud.
Era bueno ver a una persona así. Saludó entonces.
"Shuichi Shindo es mi nombre" el joven cabello rosa extendió la mano cuando la sonrisa refleja en su rostro cogió vista del joven a su lado, el era mirada apacible, sus ojos parecían siempre entonando tristeza, aunque su rostro tampoco cambiaba mucho en la posición guardada. Era más sus labios abiertos muy poco, tal vez lo suficiente para sacar ligeras exhalaciones.
Shuichi no recibió aparentemente ninguna respuesta del joven a su lado, éste se quedó callado con la mirada clavada en él, pero apenas Shuichi quiso observarlo más profundamente a los ojos, la mirada se vio perdida y cambió en un aparente sentimiento incómodo desviando al suelo.
Shuichi se sorprendió por eso...pero no quiso por ahora ahondar más en ello. En cambio si deseaba saber el nombre de la persona que fue su ‘rescatista’.
"Tu tienes un nombre ne?" Shuichi volvió a insistir, ahora el aire usual de su voz alegre adornaban su garganta y simpatía radiaba.
Aunque el joven a su lado supo bien la máscara por ahora.
"Hai..." por primera vez un susurro lejano escapó de los labios del joven blanquecino. El era la voz blanda, suave y rítmica, casi al de una joven en poemas.
"Y si me dices cual es creo que podemos llegar a algo" Shuichi sonrió nuevamente.
"Shi...Shiroi..." si usted pudiera definir un cuchicheo entonces encuentre que el modo que lo dijo fue casi en ese tono.
"Shiroi...genial tu nombre!" Shuichi saludó "…como quiera que sea...creo que tengo mucho que agradecerte, para empezar que no me hayas dejado fuera congelado jaja!" ocultando sus emociones?...probablemente.
No hubo respuesta o eco de Shiroi, el se quedó callado sin embargo, mirando la comida con alguna esperanza de que comiera algo.
"Oh...si yo lo siento en verdad" Shuichi sonrió afectadamente "yo comeré, no te preocupes, mi estómago no me dejaría morir de inanición jeje" cogiendo entonces uno de los bollos lo mordió y jugueteó el sabor bueno en su boca. "Mmmph...emmtomm tamm mum weno" apenas pudo decir entre balbuceos de su boca llena del bocado delicioso del chocolate. Y es que Shuichi gustó mucho de las cosas dulces.
Tomó entonces el último pedazo del bollo y comió agradecidamente por su estómago, luego el coctel de frutas, que aunque parecía que en invierno las frutas eran menos dulces, las que el joven le había traído eran de lo más deliciosas y dulces. Siguió y tomó casi de un solo trago el jugo de naranja, dejando el baso al lado cogió las quesadillas y las comió igual, luego la leche, todo había sido bastante bueno, desde que su estómago había sido vacío desde el día anterior al desayuno.
Soltando el último suspiro satisfecho el observó al joven a su lado que aparentemente había estado observándolo comer desde que comenzó. Shuichi sonrió a él.
"Agradecido de la comida! Estuvo muy buena!" el dijo ruidosamente mientras intentaba enderezarse y pararse en un intento bastante fallido cuando un mareo tremendo corrió por su cabeza y lo obligó a caer nuevamente en cama.
"Ouch...mala idea jeje" Shuichi sonrió afectadamente mientras una gota corría por su lado.
El joven a su lado lo recostó bien, cobijándolo nuevamente y retirando la bandeja vacía, tal parecía una madre que acuna a su hijo pequeño a la hora de la siesta.
"No tienes porque molestarte, en serio! Yo puedo ir a mi casa o llamar...o-" iba a decir algo más pero de súbito se vio cortado.
"No..." fue el susurro suave en sus labios.
Shuichi lo miró sorprendido ¿no?...pero porque?...
"Shindo..." el murmullo poético salió de sus labios pequeños "...who is ‘Yuki’? did he make you suffer this way?..."
O_O????
Shuichi podía ser un buen cantante...pero no le pidan los idiomas porque esos no se le daban.
"Nani?...yo no...se inglés" Shuichi sonrió afectadamente. El joven a su lado pareció comprender.
"Descanso usted..." el dijo finalmente, mientras se ponía de pie y cogía la bandeja "duerma...you are very tired...yo salir debo..." articuló las palabras y hacía su marcha a salida.
"Dômo arigatô gozaimasu" Shuichi dijo verdadera y agradecidamente. El tendría tal vez tiempo luego de investigar más al joven blanquecino.
Se acomodó nuevamente sobre las sábanas, la habitación era extrañamente reconfortante que pronto cayó en letargo silencioso sin ningún sueño en su estado. Ninguna pesadilla. Tan solo el descanso tan necesitado por su alma. Su respiración se hizo silenciosa con bocanadas pequeñas. Una paz invadía su ser intentando contagiarlo de ella.
&&&&& Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow &&&&&&
Había sido la mañana con un sol brillante que incluso por las cortinas espesas quiso hacerse notar y dejarse pasar entre ellos. Malhumoradamente echó las sábanas lejos y se enderezó, llevó su mano a su cabeza un momento, el pelo cayó sobre ella y su frente dejando notar uno solo de sus ojos dorados miel.
Se levantó entonces, ligeramente abrió las cortinas y el paisaje había sido blanco por la nieve, seguramente Shuichi querría juguetear con la nieve.
Cogió entonces su ropa y se vistió. Pantalón de vestir negro con una camisa blanca y un saco y corbata. Hoy era la presentación por la televisión de su más reciente novela que se titulaba ‘Snow White – Kokoro no Osobi’ y como todas sus obras escribía en una historia, con una narrativa lírica, metafórica pero a la vez sencilla de comprender, el era considerado sin dudas uno de los escritores novelistas más famosos de todo Japón. El detalle era que él no creía en ningún amor.
Había podido creer incluso, quizá. El chico de cabellos rosas hiperactivo y mal compositor había hecho cambios en él, había sacado y había mirado algo que nunca nadie más conoció. Incluso su pasado...pero la noche anterior ello había sacado de su habitual monotonía aparente. Últimamente el había manejado sacarlo de cabales, ser más molesto, más escandaloso de lo normal. Y a veces se preguntaba alguna razón para seguir con esa relación. Sería acaso amor?...hacía un tiempo que la pregunta rondaba por su cabeza, pero cada vez que la pensaba y la razonaba la respuesta no se acercaba siquiera a ella. Había mas tal vez dependencia y cariño. Ningún amor.
Abrió la puerta de su habitación, no había ningún Shuichi por la sala, seguramente el baka cantante había salido anoche llorando por su actitud. Sería tal vez en casa de sus amigos o del loco que tenía un conejo por su doble identidad.
Sacó un cigarro de la cajetilla de su saco mientras salía de la casa, cerró la puerta detrás de él y comenzó su camino, primeramente el quería ver el paisaje cubierto de nieve, una bocanada de humo del cigarro salió de sus labios.
El joven alto de cabello rubio y piel clara, delgado y de ojos rasgados medianos hermosos. El podría ser escritor pero si hubiera querido ser modelo lo hubiera logrado con facilidad.
Andaba entonces por la calle, dejó su cigarro en sus dedos y observó el cielo, a pesar de haber nevado éste era despejado, lo más extraño es que el sol no parecía derretir ni un poco la nieve en sus pies. Ella crujió a cada paso en un sonido silencioso.
Entonces pasó.
Avanzó con la mirada y el pensamiento vagando lejos de donde se encontraba su cuerpo, imposible mirar a la persona que en un momento dado paso junto a él y sin quererlo realmente chocó contra su hombro.
Uno pegó a otro desarregladamente, haciendo a Yuki dar pasos hacia atrás por el movimiento fuerte, mientras la persona con la que chocó cayó hacia atrás pegando sus manos antes de que su espalda tocara suelo.
"Lo siento" raro en él, no fue de pedir disculpas, pero estas salieron en un impulso de su boca sin que su cabeza las pensara aún.
Y lo vió.
Delante de él, recuperándose de la caída, era un chico...pero...
El joven de piel clara casi blanca, su cabello grisáceo-blanquecino, sus ojos del mismo tono que su cabello, la figura delgada elástica no muy alta, rasgos finos adornaron su rostro...ese joven era...era...
"Tu...co-como..." el joven novelista se quedó mirando un momento, aún consternado de la impresión de lo que estaba viendo, que estaba pasando?...como es posible que ese joven fuera...? estaría soñando acaso?...
Los labios del joven poeta eran ligeramente abiertos a la impresión, sus ojos abrieron anchos a pesar de ser pequeños, sus manos permanecían inmóviles semi alzadas a los lados, su pie acomodaba uno detrás de otro para evitar una caída, su pelo desarregló cuando el viento corrió por su frente...imposible...
El joven de piel clara se levantaba entonces rápidamente, sus ojos abrieron un poco más, dentro de la tristeza grabada en sus ojos y en sus rasgos había igual temor y sorpresa, tambaleantemente el se puso de pie y comenzó a dar pasos hacia atrás, inseguro de sus pies el caminó entonces...había un tiempo breve, el debió salir de allí ahora. Su cabello pegó contra su rostro cuando el dio la vuelta su cuerpo giró y sus pies fueron un poco más seguros cuando el emprendió una retirada.
"Matte!" el quiso ir, pero aún la impresión no pasaba de sus ojos...había sido grande, difícil de recuperar...era imposible...el joven que había visto...no podía ser tan parecido que el que él había descrito en su novela...o si?...
Continuará...