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Parte 5. 
You Perception.

You perception .

 

“nano nano nano nano nano da!!!” risueño y contento el muchacho de gorra caminaba por la calle tarareando una canción sin sentido, los brazos se movían al lado alegremente y la sonrisa grande se extendía por su rostro.  

Continuó su tarareo incesante mientras sus pasos lo acercaban a donde él suponía debía de llegar. Una vez encontrado su destino se detuvo y se quedó callado, mirando fijamente la puerta blanca de la casa que estaba frente a él. Ella era de un estilo artístico y tenía una reja pequeña al frente, el jardín, como toda la ciudad, se cubría de un blanco luminoso por el sol y la nieve caída por la noche. La casa era de dos pisos y era en su mayoría blanca, parecía ningún color impar en cualquier lugar a donde él pudo haber volteado.  

Seriamente, como rara vez se le veía, abrió la reja pequeña y se introdujo por el pasillo a la casa hasta toparse finalmente frente a frente con la puerta de entrada. Buscó con la mirada el timbre y encontró un pequeño de color blanco el botón.  

‘Din don’

 

Un sonido ligero se escuchó dentro de la casa, era tenue e incluso armónico, raramente escuchado así.

 Shiroi se preparaba algo de comer en su habitual silencio cuando escuchó el sonido del timbre en su puerta. ¿Quién sería?...el no esperaba visitas. A decir verdad, el nunca había recibido una visita...extrañado se quitó el delantal blanco dejándolo pulcramente colgado cerca de la barra y caminó hacia la puerta. Finalmente giró la perilla de la misma y abrió. Sus ojos abrieron un poco más ante la sorpresa de la persona...

 

“Konnichiwa Shiroi-kun!!! Le dije que vendría recuerda ??? está Shuichi en casa?!” animadamente levantó la mano y abrió su boca casi todo lo que pudo en cada palabra, sonriendo ampliamente y brillando casi en su entrada.

 

Shiroi lo percibió de ese modo. Había en los corazones puros esa manera en que brillaban en el exterior tanto como podía brillar en el interior con una expresión sencilla. Y él era una de esas personas. Emanaba una energía especial que desprendía a los lados como olas pequeñas de confianza y amistad. Era algo bueno de sentir, y Shiroi era reconfortado por ello. Sin embargo ninguna sonrisa o expresión cambió en su rostro. En cambio el ofreció pasar con el solo movimiento de la mano y el silencio habitual que recorrería cada uno de los lugares de la casa.  

Entró contentamente el joven de gorra admirando cada cosa dentro de la casa. Ella constituía primeramente el pasillo pequeño antes de entrar a la sala, y luego la sala principal, con muebles blancos esponjados afelpados, una mesa de madera en medio, una alfombra, una mesita más pequeña al lado con una planta, la conocida copo de nieve, en la pared principal de la sala había un cuadro que solo mostraba los blancos puros de la nieve misma, y del otro lado había una ventana grande que recorría casi toda la parte de atrás del mueble principal, con cortinas semi-transparentes, un librero con contenido en gavetas, libros, y adornos pequeños, una lámpara adorno chino que colgaba, las escaleras y luego otra puerta que parecía dar a la cocina. Y si, todo lo que había era de un blanco frío pero sereno.

 

“Wouuuu!! Todo es TAN blanco!!” el joven de gorra llevó su mano a la frente como explorando y extendía sus expresiones faciales con cada palabra, era bueno ver a alguien así, desde que Shuichi había perdido casi esas maneras.

 

Shiroi simplemente cabeceó e invitó con la mano subir las escaleras, había venido a ver a Shuichi y seguramente él realmente lo necesitaba. Crujió cada paso por ellas en un murmullo ligero que alcanzaba solo a escuchar el oído más fino, eran sonidos ahogados que se perdían en cada paso, pero que podían sonar por la calma y el silencio del lugar.  

Era la primera puerta del pasillo pequeño del segundo piso, había otra puerta aparte de esa, seguramente, la casa tendría solo una habitación y la otra sería el baño o algo parecido.  

Finalmente Shiroi se adelantó un poco y abrió la puerta.

 

Shuichi permanecía sentado sobre la cama, su rostro se fijaba ahora en el blanco de la calle, las cortinas permanecían abiertas dando una mejor vista, había ahora en sus pensamientos demasiadas cosas tal vez. Pero no quiso cuidar de ello. Tan solo hubiérale gustado perderse en el blanco de la nieve. Tal vez perderse dentro del frío de la nieve...pero tomando en cuenta la frialdad de las palabras y de las personas, tal vez el frío de la nieve podría ser incluso más cálido. Sí él hubiera sabido que la nieve era quien le estaba dando ahora calidez...pero las personas no ven esos detalles, ellas simplemente son escépticas y dicen ‘hasta no ver, no creer’ que errado de la realidad, sin embargo, algún día podría cambiar...

 

“WOOOOOOO SHUICHI!!!!!!!!” Rápidamente la figura toy conejo vestido corrió a la habitación y abrazó herméticamente la figura de su amigo más bueno. “SHUICHI SHUICHI!!!!!!!!” Ryuichi festejó una y otra vez asfixiando en el abrazo apretado.  

“Sa—Saku..ma-san...me ahogo!” Shuichi pidió clemencia como los brazo de Ryuici colgaron al lado graciosamente, los ojos se abrían grandes, la figura toy se pronunciaba más y hacía cara escéptica tierna a si buen amigo. Sus manos se sostuvieron cerca de su rostro cerradas y el seño infantil ahondó.

“Eh Shuichi!!! Que todos están preocupados por usted!!” Ryuichi chilló en un sonido infantil mientras cogía alguna ropa del armario y la tiraba descuidadamente sobre la cama. “Eh mire mire! Tenemos que ir!!! Va usted?? Verdad?” una súplica infantil se plasmó en su rostro mientras se acercaba en so forma toy y recargaba sus codos sobre la orilla de la cama mientras estaba de rodillas.

 

Shuichi no podía negarse ante el gesto infantil de Ryuichi, Shuichi sonrió afectadamente a él, pero por extraño que pareciera, cuando una persona de corazón puro encuentra a otra similar ella puede ayudar a su alma brillar de nuevo. Y la chispa perdida en los ojos de Shuichi hacía mil esfuerzos por volver a ellos.

 

“Yep, yo iré, y disculpándome por preocuparlos” Shuichi sonrió más sinceramente, imposible resistirse a la petición infantil del gesto de Ryuichi, además el estaba preocupado, preocupado por lo que Hiro podría haber pensado, incluso K o Sakano-san, aunque...K seguramente lo amenazaría con su mágnum. Shuichi tragó duro.  

“Ahhh no preocupa Shuichi!!!,  todos estarán alegres de verle!!! Vamos vamos vamos ne?”  

“Si” Shuichi sonrió a él por momentos, ellos ambos reían. Ryuichi y Shuichi hablaban y sonreían juntos. Era algo bueno para ver.

 

Shiroi cerró los ojos un momento, soltó un suspiro pesado, ahí, había dos almas puras, dos corazones que se identificaban, pero nada había pasado entre ellos aun el destino se había empeñado en hacerlos juntos. El amor tiene jugadas muy diversas, y el destino no contó con ellas. Era mismo sabía, mientras el destino había gruñido incesantemente a las jugadas y malas tretas del amor, él había reído incesantemente. No había creencia en cupido ni corazones flecha, era algo que se había hecho. El destino podía ser variado, pero mientras los otros hicieron jugadas diversas, no era posible controlar del todo la vida humana.  

Shiroi conservó su vista clavada al suelo por un momento no supo que largo, solo la mano certera de Shuichi sobre su hombro lo sacó de sus pensamientos, Shiro dio tirones fuera del toque precipitadamente, alzó la vista en susto, pero el se desvaneció cuando soltó Shuichi su agarro, Shiroi se relajó momentáneamente recargándose sobre la pared mientras cerraba pesadamente sus ojos, su mano cerró frente a su pecho mientras su respiración se relajó y su ritmo cardiaco volvía a la normalidad.  

Shuichi se desconcertó por un momento, ¿eso que con Shiroi?, las reacciones que el tenía era diferentes a las que él había concido...Shuichi meditó por un momento en silencio, a la espera de un entretenido Ryuichi que había estado observando una curiosidad sobre el tocador. Shuichi guardó silencio y retiró sus manos a sus ladios, ellas cayeron desarregladamente, Shiroi siempre había sido, rehuía del contacto de sus toques o de cualquiera. Aunque él no sabía como sería con otras personas, porque pocas veces lo veía con alguien más. El era más bien una figura solitaria.

 

“WUUUHHHH!!!!!!! QUE ES ESTO!!!” Ryuichi toy con mejillas emocionadas y sus manos pequeñas abrochadas frente a él veía la curiosidad frente al espejo un momento, era una caja pequeña de madera bien adornada, toda blanca aterciopelada con corte extranjero estilo barroco. Era algo así como un cofre esculpido tallado finamente. Su mano se acercaba furtivamente sobre la caja pequeña.

 

Shuiroi casi heló al momento, su respiración cogió dentro de su pecho y crujió, su vista casi se perdía e inanimada, su cuerpo se tensó y ningún lamento o palabra lograban salir de su garganta para hacer a Ryuichi detener. Sus manos recargaron desarregladamente contra la pared mientras su espalda se pegó completamente a ella, había en sus labios un temblor ligero y la respiraciones casi se desvanecían por completo.  

Shuichi pudo notar esto, vivir con Shiroi unos días habían dádole algunos tips de sus reacciones, de inmediato el giró su cabeza y notó lo que Shuichi había estado a punto de hacer.

 

“Ryuichi-san, vamos!!” Shuichi cantó alegremente, Ryuichi soltó su atención inmediatamente y corrió al lado de Shuichi abalanzándose sobre de él y colocándose sobre su espalda. “Ryuichi-san calma!” Shuichi imploró por el peso impuesto, un gesto gracioso recorrió su cara conforme una gota bajó por su cabeza.  

“Uhhh Shuichi!!! Vamos vamos vamos!!!” Ryuichi soltó su asimiento momentáneamente mientras miraba a Shiroi.

 

Shiroi había permanecido hasta ahora en completo silencio, su cabeza era ligeramente tirada al lado, su vista clavaba al suelo de la habitación, su cabello cepillaba contra su mejilla, su boca era ligeramente entreabierta, sus ojos vidriaban ligeramente, era una mirada triste la que se gravó en su rostro. Sus manos habían permanecido pegadas a la pared con un ligero encogimiento de hombros.

 

“Shiroi-kun” Shuichi habló un momento, una sonrisa pequeña se extendía por su rostro “es bien conmigo saliendo? Puedo yo volver?” había cierta inseguridad en su tono de voz, pero Shuichi se había acostumbrado a la presencia del joven blanco rondándolo, había tambien acostumbrado al aire de paz y calor moderado que había en esa casa y el lo necesitó, el no volvería a Yuki, tal vez lo intentaría...pero no en este momento.

 

Shiroi cabeceó serenamente, su mirada aún se perdió un momento, el se enderezó sin embargo y afirmó un poco más seguro. Un segundo su mirada se encontró a ambos y de inmediato rehuyó.

 

“Domo arigatô” Shuichi sonrió a él calurosamente, giró a Ryuichi y afirmo con la cabeza para poder ir. Ryuichi sonrió a él, ahora en su forma normal, el cabeceó igualmente y giró un momento para ver a Shiroi.  

“Domo arigatô por todo Shiroi!, yo lo estaré viendo luego!” Ryuichi afirmo rápidamente mientras Shuichi se adelantaba por las escaleras.

 

Por un momento breve Shiroi escuchó los pasos energéticos bajar por la escalera y luego, la puerta cerró. El espacio quedó vacío, los ambientes quedaron callados momentos largos, el único sonido audible era el repiqueteo del reloj en su habitación, que continuaba incesantemente, como un flujo continuo de sonidos que pasaban por sus oídos y golpeaban ligeramente. Su vista había permanecido mirando el alfombrado pulcro blanco debajo de sus pies, aún permanecía recargado sobre la pared, perdido en sus pensamientos. Se enderezó entonces, tocó su cabello ligeramente mientras salía inseguro de la habitación. El ambiente enfrió, cada vez que la casa era sola, la sola percepción viva desaparecía. Y la única percepción viva era Shuichi.  

Soltando un suspiro pesado el bajó las escaleras resbalando su mano por la baranda, llegó al perchero próximo a la puerta y tomó su abrigo blanco. Echó una última mirada dentro de la casa y apagó las luces. Fuera, la nieve comenzaba a tintinear incesante en un flujo continuo pero ligero sobre la calle. Echando una bocanada de aire ligera el vaho se esparció mientras acomodaba sus manos dentro de sus bolsillos.  

 

&&&&&     Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow    &&&&&&

 

 

Una vez más, la nieve caía ligera, solo unos cuantos copos resbalaban de las nubes y caían lenta y sigilosamente sobre el suelo blanco, plagado de otros más copos que reposaban sobre el suelo. La gente pocas veces tiene cuenta de lo que ellos dicen, la nieve murmura entre si, habla, ella se entera de las cosas que pasan con cada individuo en las épocas que cae. Ellas se enteran de la felicidad o tristeza de las personas. Y poco después, toda la nieve lo sabe. La nieve llora cuando alguna persona está en dolor. No es esa época de paz? No es esa época de amor?...pero la gente ha perdido el significado de la época...ella, la nieve cae cuando es navidad. Y ahora...ahora hay dos almas solitarias de entre todas las que existen, una de las cuales pierde su brillo lentamente...y la otra se enfría. Nada más que eso, las mismas gotas de las lágrimas se perderían en ese infinito. Han murmurado ellas a las estrellas, y las estrellas han vertido su luz tenue para intentar ayudarlas. Nada ha funcionado. Y más dolor alberga más dolor.  

Continuaba sus pasos, callados, la nieve no emitía ningún sonido cuando él caminaba por sobre de ella. Sus pies ligeros tocaban a punta cada copo. Y cada copo le daba un mensaje distinto. Había tanto que escuchar y tan pocos que quisieran oírlo...Pero así, el mundo era un lugar en verdad perdido, podría usted creer, la gente ya no se fija en las cosas a su alrededor...la gente ya no platica con las plantas, el viento, el agua, las estrellas, la luna...ella se limita a encerrarse, a callar...  

Su mirada iba baja, tal como siempre era llevada, sus ojos tristes veían donde sus pies caían uno tras otro. Su aliento era respirado con una pasividad increíble, su cabello rozaba su frente y sus mejillas delicadamente, sus manos aún se conservaban dentro de la gabardina grande blanca. Había pequeñas bocanadas de aire que salían continuas unas tras otras. Ningún pensamiento reflejó su rostro. Pero más allá de ello la angustia reinaba sus interiores.  

Se detuvo entonces, había un sonido ligero casi en medio de la calle. Maullido. Sí, eso era, él pudo reconocer, él había visto a los gatos un millón de veces, ellos caminaban ligeros sobre la nieve, mas sobre cualquier objeto suelo. Ellos eran sigilosos y astutos. Y ahí, en medio de la calle. Había un gatito pequeño, todo blanco que maullaba desvalidamente por el frío constante.  

Se acercó finalmente, lo primero que notó fue el pelo crespo suave del gato pequeño. No podría ser más grande de unos meses. Era pequeño, y muy asustado. Qué podría hacer él?...cogió al gatito pequeño en sus brazos y lo acunó. Él había visto que alguna persona hacía eso con su minino pequeño. Así que él podía hacer lo mismo. Y el gatito pequeño respondió al contacto. Hocicando su cuello y llevando su toque de pelo contra el rostro del joven blanquecino. Los ojos eran verdes grandes, un verde que chispeó vida. Los animales chispeaban vida. Por muy miserables que ellos fueran siempre tenían algo que dar. Y la esperanza de sus corazones nunca moriría. Era el regalo que aquella fuerza había dado a los humanos. La compañía. Pero incluso eso, muchos de ellos los desperdiciaron. Lo deshicieron. La gente cavaba tan lenta y agónicamente su propia tumba...  

Era tan adentro en sus meditaciones que no dio tiempo de notar.

 

El auto negro que conducía el joven rubio escritor, un sonido chirrioso salió de él cuando el joven de piel albo volteó precipitadamente. El auto se detuvo antes de causar cualquier daño al joven que aún sostenía al gatito pequeño.  

Salió del automóvil, su pelo ondeó con el viento enamorado y pegó en su rostro ligeramente, una mano se conservaba sosteniendo la puerta y la otra cogía el cigarro de la boca.  

La primera cosa que ocurrió fue susto. En el rostro triste del joven de piel cándida reflejó susto, tal vez temor. Sus pasos fueron inseguros en una retirada, girando su cuerpo rápidamente el corrió. Correría tan lejos como le fuera posible. Detrás de él podía escuchar los pasos que se acercaban cada vez más y más a él. No! No podía...no ahora...no era preparado para eso...girando su cabeza para ver a que distancia venía el joven escritor su pie resbaló y dobló dolorosamente en una barranca pequeña. Cual fue su más mala suerte que su cuerpo entero comenzó a caer precipitadamente por la nieve hasta que su cabeza chocó contra la rama de un árbol. Y ahí, quedó tendido. Inconsciente.

 

Yuki apresuró. Y vio el cuerpo más pequeño resbalar y caer. Habría sido tonto seguramente. Pero no era bueno dejarlo ahí. Así que bajó cuidadosamente por el hielo. El joven que había caído permanecía inconsciente en el suelo. Completamente llegando a él, sostuvo el cuerpo más pequeño y lo giró hacia él. El rostro fue acomodado a un lado, los brazos caídos al lado y la gabardina desarreglada.  

Yuki levantó el cuerpo más pequeño entonces, la cabeza fue tirada atrás un poco, el cabello caía desarreglado cepillando su rostro, los brazos colgaron al lado. No había percepción ahora de cómo el muchacho era, primero llegaría su departamento, luego habría tiempo para preguntas. Yuki nunca fue curioso...pero esta persona en particular...había cosas que debía saber.  

El sonido de sus pasos se perdió en la nieve, ella no hizo ningún sonido al peso que caía sobre ella. Mas en cambio, un lamento callado salía de cada copo pequeño, preocupada y ella se lo comunicaba al viento enamorado.  

Su departamento hubo estado vacío y con la habitual calma de siempre. No era calma. Pensándolo por un momento mientras acomodaba la figura más pequeña sobre el mueble vaciló. No, no se trataba de una calma...incluso no era tranquilidad. Monotonía. Sí, eso era.   

Cogiendo una manta cubrió el cuerpo más pequeño, y vendó la herida del pie y la cabeza. Despertaría, tal vez no a este tiempo pero no muy tarde. Esperaría simplemente, y sus preguntas debían ser respondidas.  

Delicado.

 

Un toque delicado vino desde algún lugar. Había una percepción suave como una caricia sobre su mejilla, él era, el viento que habíase escurrido por la ventana y había dado una caricia para lograr hacerlo conciente. Aunque no de la realidad si de lo que acontecía. Abrió sus ojos lentamente, su mirada grisácea blanquecina se topó con el frío del techo de la habitación. Era más frío de lo que el color inundaba. Había esa calma...no, no era calma. Giró su cuerpo mientras se reclinaba levantándose hasta quedar sentado, movió su cabello con su mano de sus ojos y observó un momento los alrededores, había un sentimiento malo a esto. La monotonía reinaba el departamento, igual que la soledad. Oh...ella de nuevo. Reíase en sus oídos burlonamente, despreciaba y daba paso a otro ser que se formaba. El desprecio, quien emanaba chispas que podían verse en un rojo lastimero. Pero los humanos no lo veían. El sí.  

Temor...usted puede decir que eso era lo que sentía. Un temor que invadía su cuerpo delgado y hacía temblores pequeños en él. Cerró sus ojos, todo era confuso. Ahora...no había nadie a quien pedir ayuda. Porque los humanos no lo ven. Como gritar por ayuda a algo que ellos no pueden ver?...como decirles su angustia su no la comprenderían?...además, ninguno hablaría con él. Sus manos se recogieron a los lados de su cabeza. Ninguno! Ya no quería escuchar esas risas!! Oh por favor no mas!!...pero ellas no se detendrían, la soledad estaba ganándole el terreno. Pero...¿que podía hacer él? El no conocía ninguna manera de ayudar, ¿por qué habría venido él? ¿por qué?...el quiso ayudar pero como!...  

Sus manos pequeñas apretaron, sus ojos cerraron herméticamente, su respiración agitó, su boca frunció, si, la frustración se hacía más grande, si no acababa pronto sería su compañía. Pero era tan inevitable.  

Yuki había permanecido calentando algo de té hasta ese momento. La neblina ligera que levantaba con cada burbuja que explotaba dentro de la olla caliente. Daba la señal del te listo. Sirvió un poco dentro de una taza y se dirigió a la sala.  

Cuando llegó, observó al muchacho más pequeño, sostenía su cabeza en frustración, el podía notarlo, ¿cuántas noches él no fue así?...se parecía a...Shuichi...¿por qué venía el a su pensamiento sobre y sobre de? Si siempre había sido mas que un cantante bastante molesto. O no?...  

Echó los pensamientos lejos dejando el te sobre el estante pequeño y se acercó.

 

Shiroi sintió, una llamarada del viento que enfrió alertando. Soltando sus manos de su cabeza el levantó la vista. Oh no...no podía estar pasando...  

Yuki Eiri estaba frente a él, con esa expresión fría observándolo, el seño fruncido en el enfado, pero no era enfado, era dolor. La soledad estaba de pie junto a él abrazándolo posesivamente. Ella, el rencor formó en su rostro maldito y formó otro sentimiento más que se unió a la monotonía reinante.

 

“Quien Eres tu?” Yuki preguntó, as palabras frías salieron de sus labios y dispararon como dardos envenenados que se aferraban al alma.

 

No podía ser, no podía estar hablando de ese modo el escritor del que se enamoró el viento...él fue de otro modo...donde estaba el Yuki que la nieve, las estrellas y el viento conocieron?...en que parte había muerto o desaparecido? No! Muerto no!...tal vez...enterrado solamente...dentro del mismo. Sirviendo su cuerpo y su expresión un muro contra cualquier intruso. El dolor de su pasado era aún presente. Y Shuichi no había podido aún deshacer ese muro del todo. Quedaba levantado aún y se erguía soberbio sobre la figura más frágil, la verdadera forma de Yuki Eiri.  

No...por qué?... por qué tuvo que ser así?...frustración, si...corría como una marejada arrasando todo lo que había a su paso. Había, la percepción fría, el dolor y el frío del corazón tomaron forma...y se reían.

   

Tsuzuku...