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Parte 8.
...She is...
Un
sonido.
El
clamor.
Como
un flash y un golpe profundo en el pecho, la nieve alertaba al joven de piel
blanca que algo estaba realmente equivocado. Shiroi bajó hasta sus rodillas,
paseado la yema de sus dedos sobre la nieve blanca fría que solo era comparable
a la temperatura de su cuerpo entero. Sus ojos grabados en tristeza se enfocaban
mientras su percepción recibía el mensaje que la nieve venía dándole con
extrema prisa. El joven de piel cándida abrió sus ojos anchos, sus labios se
separaron intentando pronunciar alguna palabra que de ellos nunca salió, ellas
siempre morían en su garganta, levantándose rápidamente, sus piernas
comenzaron a moverse en una carrera contra el tiempo lo más aprisa que pudiera,
la nieve hacía más pesado el andaje de los automóviles, pero no el suyo, la
nieve lo ayudaba a moverse con mayor velocidad. Su cuerpo agitó, su
respiraciones se sofocaban dentro de su pecho, el nunca había corrido tan
desesperadamente como ahora, las ventiscas podrían ser superadas, casi al grado
de las avalanchas destructivas, él nunca deseó hacer mal, pero la acumulación
y los ecos habían dado esa pausa, el siempre lloró cuando él había causado
mal. Ahora debía llegar antes.
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Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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El
sonido de las patrullas alejado, acercándose un poco más por cada segundo. El
jefe de la banda grandulón levantaba la vista súbitamente, aquél sonido venía
más y más hacia ellos.
“Eh!
Vienen patrullas! Vámonos!!” el jefe anunció al resto de sus compañeros,
tomando sus cosas rápidamente, ellos salían del lugar velozmente abandonando
el cuerpo lastimado y ultrajado del cantante joven, desnudo sobre la nieve y
bajo ella, pero ahora, su vida se estaba esfumando tan rápidamente que él
incluso no lo sentiría más. Los pasos se alejaron mientras las sirenas se
acercaron aún más.
El
último brinco de una loma de nieve venía cayendo en sus pies suavemente, la
nieve misma era quien había amortiguado su caída, girando su cabeza a los
lados precipitadamente, su cabello cepilló desarregladamente con el paso del
viento frío que picaba la piel, percepción que a él no llegaba. Buscaba con
su mirada al suelo, acercándose con sus pasos inseguros un poco al lugar donde
se había alertado.
Oh el dios piadoso...
Su
interior imploró al ver la imagen frente a sus ojos...eso simplemente...no podía
ser...
El
cuerpo del joven cantante yacía desnudo, boca abajo, la cabeza estaba tirada al
lado desarregladamente, el cabello hecho una maraña enrede y tirado al lado,
las manos permanecían hacia arriba doblados algunos de sus dedos, en sus muñecas
las marcas del amarre que había sido retirado hacía poco tiempo, en cada parte
de su cuerpo había sido rasgada la piel clara lisa por un objeto cortante,
dejando senderos de sangre seca en su cuerpo, sus piernas estaban estiradas
ligeramente abiertas, pero algo de las peores cosas, era cerca de su entrada,
ella mostraba una marca severa de tortura y sangre seca que encostró su piel
suave.
Los
ojos de Shiroi se desorbitaron casi al instante de la vista penosa del cantante
joven...no podía ser...simplemente no podía...oh los dioses...él había
jurado protegerlo a costa de todo...y ahora...ahora...su cuerpo se tensó, y
tembló como si el frió hubiera hecho efecto con él en instantes, sus labios
abrieron y temblaron...simplemente...no podía ser!...su respiración agotó en
su pecho tragada por su garganta, pero ahora él debía actuar rápido. El
sonido cercano de las patrullas lo hicieron reaccionar más rápidamente.
Tomando
el cuerpo frágil el lo giró ligeramente, no poniendo atención por este
momento, el joven de piel blanca retiró su gabardina para cubrir completamente
con ella el cuerpo de su tamaño, pero ahora viéndose mortalmente más pequeño.
Recogiéndolo entre sus brazos, el apresuró sus pasos lejos para regresar a
casa, allá tendría mejor tiempo para verificar su estado.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
&&&&&&
El
humo del cigarillo desaparecía con la inmensidad de las olas del viento frío,
en el balcón grande del ventanal de la sala, la luna enviava su reflejo
tristemente a lo que recientente había sucedido…si el escritor pudiera
sentirlo...pero él se había vuelto ciego y sordo a los lamentos, él se había
vuelto ciego y sordo aún a su corazón que desamparó y comprendió lo que
estaba sucediendo, el brillo débil de la luna cubierta por las nubes espesas
demostraban el pesar llevado en cada niebla pasajera que hacía mella dentro de
su alma. Las cortinas eran mecidas quedamente por el viento, quien aún lloraba
por la pérdida de su escritor enamorado.
Una
bocanada más de humo corrió lejos con su respiración, cruzando sus brazos
paulatinamente, su gesto frunció entrecejo antisocial acompañaba cada una de
sus miradas lacónicas. Su cabello cepilló su rostro con cada movimiento de las
cortinas a causa del viento molesto. El frío comenzaba a picar en su cuerpo,
pero aún, él era exasperado y molesto como para entrar a dormir, algo lo
estaba molestando demasiado, algo estaba terriblemente equivocado. Recargándose
propiamente sobre el marco de metal del ventanal grande, el cerraba sus ojos
momentáneamente, sentir el aire frio pasar aún a través de su gabardina queriéndole
contagiar del frió posesivo. Un gesto inescrutable se extendió por su rostro
cuando el analizó detenidamente los detalles que últimamente se habían
llevado acabo, incluso, la salida esa mañana del joven de piel pálida...todo
había sido demasiado extraño, los días y el ambiente se había vuelto denso a
pesar del aire congelado, había demasiadas cosas dentro de sus pensamientos,
demasiadas cosas que podían arrastrar a corazón a los lugares más inciertos
donde la razón y el calor humano nunca podrían llegar, sin embargo había
algo...algo que no dejaba eso pasar...que?.
Dejando
que la duda embargara su corazón, Eiri tiró finalmente el cigarro hacia el
hielo ventajoso sobre la pequeña flama que aún perduraba, inmediatamente
acallada por la nieve bajo él, tirando la última mirada al horizonte vacío,
entraba nuevamente al apartamento cerrando maquiavélicamente el ventanal, las
cortinas cerraron de nuevo y la luna y las estrellas entristecieron nuevamente
al ver el alma del escritor perderse en la lejanía.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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En
la frialdad pero paz de su hogar, Shiroi recostaba la figura inconsciente en la
cama replegada de colores blancos brillantes y únicos. Su vista descansaba
momentáneamente, con cada suspiro, en el cuerpo ultrajado del joven cantante.
Había sido un sufrimiento tal, que ningun humano podría merecer nunca, más
sin embargo él lo había vivido en una manera insufrible, el dolor martillaba
el corazón, las penas se embargaban y cubrían con capa cada uno de los buenos
deseos, las sombras se extendían y la maldad reía frente a su rostro, el puro
rostro de la desgracia era el que se materializaba y despojaba sus últimos
anhelos lejos.
El
joven de piel cándida suspiró lejos, cerrando sus ojos para no ver la
desgracia que frente a ellos corría, pero el sentir de la impotencia corroerle
muy al fondo, él había llegado para ayudar...y parecía que solo había
empeorado las cosas. La figura en vista pequeña que reposaba sobre su cama, era
tan indefensa al mundo, tan pura en su alma...y el mundo la había hecho
volverse cada vez más gris, robándole la inocencia y los buenos sentimientos,
la alegría y cada chispa de calor que su cuerpo radió. Que penumbras recorría
el mundo de hoy...y sintió pena. Pero él no podía dejarse vencer, pasara lo
que pasara, el debía ante todo y ante la vida misma, hacer todo lo que en sus
manos estuviera para ayudar...
Tomando
el cuerpo del cantante entre sus brazos, lo cubrió tiernamente con una toalla
grande y lo llevó hasta la bañera, dejando caer en ella el agua calurosa, era
el calor el que siempre ayudaría las almas en pena era el calor el que invadiría
y reposaría dando nuevas esperanzas y con ese solo sueño el introducía el
cuerpo pequeño, su despertar sería seguramente amargo, pesado y duro...pero
debía ser, él no se podía perder así como así.
Cerrando
sus ojos momentáneamente, el posó su mano sobre la herida afilada del pecho, y
de su mano brotó una claridad cegadora y brillante, la más pura de los blancos
que jamás se hubira visto, deslumbrando y al momento de pasear su mano en su
toque delicado y su sola caricia, la herida iba sanando lentamente, cada una,
repasando sus brazos, sus muñecas, sus piernas y rostro...hasta llegar su mano
posándose cerca de su entrada, aquella que había sido violada tan
horriblemente, aquella que causaba el dolor físico más fuerte, y depositando
su mano serenamente cerca, la luz parpadeó varias veces hasta que el desgarre
estuvo curado. Ninguna más herida física había en su cuerpo...pero ahora su
preocupación se extendía a una más fuerte...la herida sentimental,
mental...en el alma...esa sería la más difícil de curar.
Abriendo
sus ojos con el semblante calmado, la pura melancolía y tristeza eran las que
se reflejaban y hundían en su mirada perdida, abriendo ligeramente los labios
el beso la piel suave de los labios del cantante por segunda vez, atrayendo el
cuerpo más pequeño, hasta topar con su pecho...
Más
allá de la oscuridad el quiso perderse, más allá del mundo cruel, más allá
de los hombres, de la luz, de las sombras, del silencio ensordecedor el quiso
perderse, para siempre... interminablemente... pero había algo que lo
impedía... aquella
luz tranquila pero brillante había corrido hasta él para hacerle abrir los
ojos, aquella luz había viajado a través de él rompiendo la oscuridad y
llegado para envolverlo en sus alas cálidas, reconfortando y dando
seguridad...y esa misma luz era ahora la que le respondía a abrir sus ojos.
Esos
sus ojos vítreos con la magia del arco iris de colores cambiantes, verdes,
azules y violetas a la vez, que expresaban y traían emociones
torrenciales...pero ahora yacían si vida, apagados y perdidos en la inmensidad,
tal vez algo de su conciencia había regresado, pero la otra había permanecido
irremediablemente en el momento de la violación...
Y
los ojos de Shiroi entristecieron más profundamente...palabras fueron
susurradas a los oídos del cantante pequeño...palabras que podrían sonar vacías...pero
palabras que provenían del fondo...
“Shindou-san...dejarle
yo nunca sucederá...I promise...for my destiny...” y
las palabras llegaron a la profundidad del abismo de Shuichi y lo hicieron ir,
lejos...no en calma...esta vez, Shiroi necesitaría más ayuda de la que él
podría imaginar.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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Cuatro
días después.
Había
sido un viaje de cierto modo apresurado, no muy a grato pero eso se había
alejado a los presentimientos. Llevaba puestos unos audífonos pequeños sobre
sus oídos, la percepción ligera de la tonada era escuchada por la persona que
viajaba a s lado, desconocida de hecho.
La canción que sontaba en su reproductor pequeño portátil, sus labios se movían
ligeramente al ritmo de la canción que sonaba ‘Anti nostalgic’ era la música.
“Señores
pasajeros, por favor, ajusten sus cinturones de seguridad y permanezcan
sentados, arribaremos a la ciudad de Tokyo en algunos momentos” la azafata
daba las instrucciones moviendo sus brazos y colcando el micrófono a suficiente
altura para que su voz lograse escucharse por todo el avión.
Dejando
su reproductor finalmente, retiraba con cuidado los audífonos de sus oídos
mientras los guardaba en la bolsa de mano que llevaba. Los dedos finos de sus
manos depositaron ligeramente el objeto, mientras se enderezaba ajustándose el
cinturón. El descenso fue igual que los que hubiera recordado, el avión
llegaba a la explanada principal y los pasajeron comenzaban a bajar.
Tomando
su bolsa de mano bajó finalmente del avión grande, o tal vez incluso un
transbordador, dejando atrás la pista grande, se dirigió hacia los andenes,
donde su vuelo era anunciado en llegada, caminando con pasos ligeros, cada uno
era acallado por las botas de piel que relucían en sus pies, botas negras con
el filo blanquecino, un vestido largo negro que la cubría desde el cuello alto,
las mangas largas ajustadas hasta el tobillo, totalmente negro con bordes
blancos entonando las botas, un vestido sencillo pero que dejaban ver su figura
esbelta pequeña. El cabello largo iba sostenido detrás de ella en una trenza
que cepillaba abajo de sus caderas, castaño oscuro que se movía con el viento
propiciado por los vuelos anteriores o por alguna brisa que escapaba en los
pasillos, su flequillo se movía golpeteando a momentos su frente. La piel de su
rostro era castaña, pero blanca, lisa a la vista y entonaban en ella las
facciones graciosas de una dama.
Dentro,
en los andenes de espera, esperaba quien fuera considerado un miembro más de su
familia, por afecto más que por lazos de sangre. Recargaba su espalda contra
uno de los postes grandes del lugar, oyendo el vuelo arribar a Tokyo, las cosas
se habían puesto complicadas y él sabía que ahora podría mejorar por lo
menos un poco. Los lentes negros cubrían sus ojos azules vivos y en su rostro
enyesaba una sonrisa confiada que llevaba casi todas las ocasiones, su cabello
relucía en una coleta levantada larga que caía detrás de él, sus ropas
consistían en un traje caki con una camisa blanca y una corbata del mismo tono
del traje. Cruzaba los brazos esperando pacientemente.
Finalmente,
una de las figuras vestida de negro fue quien llamó su atención, mientras
caminaba sin apresurar hacia él. Enderezándose, ellos los dos se toparon con
sus lentes negros observándose mutuamente, por un momento no supieron que
largo. Extendiendo una sonrisa mediana, ella finalmente hablaba.
“Bueno
para encontrárselo nuevamente, Ojisan K” las
palabras confiadas pero entonadas con el acento femenino, mientras K extendía
una de sus tipicas sonrisas grandes en señal de bienvenida.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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A
la mañana siguiente.
Shiro
había salido de casa, solo brevemente, comprar algunos víveres para el
cantante joven había sido su primera necesidad. Hacía
tres días él había cruzado apenas palabras con Hiro y le habría contado la
situación de Shuichi, y Hiro había sido del todo preocupado, hacía esos tres
días, Hiro había ido hasta su
hogar a ver a su amigo y con la mirada perdida y cabisbaja él había comprobado
que la condición del cantante era demasiado mala. Y Hiro había confiado en él
para hacerse cargo, mientras tanto el vería la manera que nadie lo molestara en
la disquera por concepto de su ausencia, y había cumplido. Nadie había
telefoneado ni ido, y eso le daba cierta paz y cierta calma al joven de piel cándida.
Clavando
la vista en el suelo aún plagado del color blanco pulcro, sus ojos medianamente
abiertos resueltos en una oscuridad que ennegrecía cualquier alma, incluso él
perdería sus fuerzas de la situación seguir así. Sus manos se acomodaban en
los bolsillos de su gabardina larga, no para buscar calor, solo una mera maña
de mantenerlas ocultas tal vez. Su cabello suelto golpeteaba en su frente con
cada viento, sus pasos iban callados uno tras otro en un ánimo perdido, tal vez
empeñado, en realidad era menester saberlo.
Y
demasiado sumido en sus pensamientos el no fue conciente hasta sentirse chocar
fuertemente contra alguien, haciéndolo caer involuntariamente contra la nieve
hacia atrás, sus manos salieron de sus bolsillos para resistir el golpe, aunque
su cuerpo apenas lo sintió sus ojos habían cerrado momentáneamente, abriéndolos
de nuevo, el se ponía de pie dándose cuenta que la persona con la que había
chocado también había caído...
Tsuzuku...