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Parte 9.
Heart Confusing.
“Oh,
Sumimasen” la joven frente a él se ponía de pie dándo palmaditas a
su vestido quitando la nieve refresque de él. Alzando su mirada ella se encontró
con los ojos grisáceos blanquecinos del joven frente a ella.
Shiroi
se había levantado poco antes, y
por tercera vez, él se había topado con la mirada de otra persona y no había
podido retirarla tan fácilmente. En cambio el solo fijó la vista vacía dentro
de los ojos purpúreos de la joven, eran piscinas profundas, pero los ojos eran
medianos, la piel era clara con un tono cobrizo, el cabello oscuro castaño que
caía a su espalda ondulado y sostenido en una trenza larga por una cinta azul
al final. El rostro afilado y los rasgos finos rodearon, los labios delgados a
tono con la boca pequeña, las pestañas largas rizadas, las cejas delgadas y la
frente mediana, el fleco caía sobre su frente cepillando graciosamente al
movimiento del viento juguetón.
Por
un momento ella observó a la persona que descansaba aún frente a ella. Las
miradas no se separaron ningún momento, en cambio, ella pudo notar lo que
algunos pudieran. Pero la diferencia fue que ella podía lograr poner la atención
total posible a lo que veía. La mirada del joven de piel cándida era perdida,
no había nada que reflejara un brillo vital en él, en cambio, su mirada era
muerta fría al mundo, sin embargo...había algo emoción en ella, un anhele...y
había un tip de calidez que corría en ondas por su cuerpo delgado, daba un
tinte demasiado blanco todo su ser, incluso su ropa permanecía al mismo color.
El blanco hacía hechura fría de sus adentros, sin embargo parecía estremecer
al toque delicado. Pero esos ojos...esos ojos aún corrían la vida tomada,
ninguna vida había permanecido en ellos nunca. Como si esos ojos no fueran en
absoluto humanos. Por que dentro de ellos no existía ningún alma posible a
ver, era un infinito perdido, un hoyo negro que engaña con su color y traga
para no regresar absolutamente nada fuera de ellos. Pero más al fondo...había
algo más...’oh el dios’ fue cuando ella comprendió.
Sintiéndose
tan pronto desnudado a la vista Shiroi corrió su vista rápidamente lejos, sus
manos cayeron pesadamente y una se apretó fuertemente que heriría, su cabeza
tiró a un lado dejando el cabello caer desarregladamente junto a su mejilla, la
mirada y el dolor pegaron más fuerte de lo usual en sus ojos, el labio más
bajo apretó mordido fuertemente y su cuerpo espasmo.
Ella
sorprendió un momento, pero luego de ellos simplemente sonrió dulcemente a él
inclinando su cabeza y poniendo sus manos sobre su regazo juntándolas en un
gesto amable.
“Sumimasen,
Hajime mashite, Watashi wa Aika desu” ella intentó lo mejor posible,
su pasividad era común, su sonrisa calurosa amistosa extendió cuando ella hizo
el saludo respectivo japonés para una persona agradada.
Shirio
cogió mirada insegura de la joven frente a él. Analizando una vez más. Ella
era delgada cuerpo fino, su piel resto de su cuerpo era blanca con el toque
cobrizo ligero, sus manos eran largas delicadas y caían a un solo anillo doble
de un corazón, que contenía dos letras H&D. El vestido era llano rico
abrigador con un pliegue al final sin crinolina, mangas largas y atisbado al
final con botones en un blanco pulcro. El vestido era de un azul cielo acentuado
a partes con el azul más obscuro. De cuello alto se extendía y hacía separada
en la cintura para abrir continuamente. El vestido sin embargo era suelto casi
totalmente. Llevaba igual botas abrigadoras blancas al compás con el vestido
azul, terminaba ellas en pinzas pequeñas. Ella misma irradiaba un aire de
confianza que incluso Shiroi mismo no pudo esquivar.
“Shi-Shiroi...”
el siempre soltó las palabras inseguras, desviando nuevamente su mirada
su cabeza giró al lado y aún sus labios permanecían temblorosos inseguros.
“Ah,
Shiroi-san dôzo Yoroshiku onegai shimase” ella
sonrió nuevamente amablemente, la mirada afiló de repente y la voz cambió a
un aire orden determinación. “Usted tiene
un problema Shiroi-san, hablemos” determinó
la voz picó en los oídos de Shiroi, sorpresa se gravó en sus ojos cuando el
volteo súbitamente, sería acaso que ella...
“Ha...Ha-i...”
No pudo negarse, arrastró casi inseguramente
sus pasos al lado de ella, su cabeza bajaba y confundía en los pensamientos y
las sensaciones. Todo estaba siendo demasiado raro, desde su llegada, las cosas
habían sido extrañas bastante.
Cuando
Shiroi se percató sus pasos detuvieron donde la joven había detenido, ella
invitó amablemente a una cafetería. Era ella bien arreglada pero sencilla y el
ambiente dentro emitía una calidez ideada al sol pero emocional. Ellos los dos
se habían sentado cerca del ventanal grande polarizado y la nieve comenzaba a
caer a gota nerviosa desde el cielo hasta la tierra. Shiroi conservaba sus ojos
clavados abajo sobre sus manos que se apretaban entre sí.
“Ah
Shiroi-san, usted no tiene porque preocuparse”
un aire confianza remota vino de su voz cuando los cafés vinieron servidos y el
postre de igual manera, ella cogió la taza y la acunó entre sus manos que habían
permanecido frías por la nieve, ellas tomaron asimiento fuerte de la taza y la
llevaron hasta sus labios finos, soplando levemente el humo lejos ella bebió
los primeros sobros. Luego cogiendo el tenedor partió un pedazo pequeño del
pay y lo llevó a su boca probando gustando los sabores dulces del mismo. “Shiroi-san”
ella detuvo de repente, Shiroi ni siquiera había
tocado aún el café o el postre en su plato, el aún esquivó la mirada baja
perdida, ella sonrió de ambos modos y sostuvo la taza cerca de sus labios “cual
es el problema?” ella inquirió, tomando
otro sorbo ligero del café exquiso que jugaba en su boca.
“Well...”
Shiroi fue inseguro, había que decir, la
persona que estaba frente a él nunca la había conocido, no sabía nada de
ella, era la primera vez que su vista la topaba...pero ese aire en sus palabras,
la tonalidad, el ritmo...había casi un hechizo para hacerlo hablar, y había un
sentimiento extraño de ser lo mejor. “un
joven...esta mal...” siempre las palabras
siguieron saliendo pausadas y casi pasmadas de sus labios, había en punto
cierta pesadez en sus palabras y sus rasgos grababan la tristeza contenida.
“Yo
entiendo eso que, sin embargo...” ella dejó
la taza rotundamente sobre el plato pequeño, bajando ligeramente la mirada en
profunda sus meditaciones, Shiroi no podía determinar demasiado de ella, había
una estela grande de neblina que cubría...que era?. Ella tomó su bolso que
descansaba junto a ella casi sobre su regazo y lo abrió, extrajo de dentro una
tarjeta azulada blanquecina con letras violeta y la letra corrugada en un gusto
exquisito. “Tome” ella
extendió la mano mientras Shiroi por un impulso tomó la tarjeta ofrecida “es
mi tarjeta, si necesita algo de mi, no dude en llamarme Shiroi-san, creo que yo
puedo ayudarlo con su ‘problema’” ella
dijo finalmente mientras se ponía de pie, grata y cortésmente ella dejó la
cuenta pagada y abandonó la cafetería.
Solo
la duda, incertidumbre invadía la menta de Shiroi respecto a la joven que
acababa de partir...por que? Por qué no podía captar en ella las emociones
como en las otras personas?...quien era ella?
Soltando
un suspiro largo Shiroi salió por fin de la cafetería. Seguramente, Shuichi
despertaría dentro de algún momento, y él había prometido no dejarlo solo
nunca. Y así lo haría. Continuó sus pasos callados por sobre la nieve que hacía
sonido callado a ellos. Regresaba
a casa. Por ahora.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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La
última bocanada de humo del cigarrillo nuevo se soltó de sus labios soltando
similar al bao caliente en frío. La colilla del cigarro calló al suelo nevado
mientras el calor restante era abrasado por el frió de los copos de nieve que
formaban plastas grandes sobre el suelo asfáltico y los céspedes verdes. Había
sido 3 semanas desde que el muchacho hiperactivo había salido de la casa y no
había vuelto como de costumbre. Tanto mejor, el joven cantante era mejor sin él.
Seguramente se había encontrado a alguien suficientemente bueno para él o
digno. Correcto?...Sus ojos cerraron un momento a la sucesión de imágenes que
atravesó su cabeza como una película rodada a la pantalla imagen de su cabeza.
Ellos eran recuerdos desde el tiempo que había conocido al joven cantante.
Ellos eran recuerdos que picaban dentro del pecho. Despejó sus pensamientos
exasperado y frunció el seño. No había ninguna razón de él para ponerse con
seriamente trato estúpido, había cosas más importantes que pensar.
Colocó
nuevamente sus lentes negros sobre su rostro ocultando su mirada miel a
cualquiera. No era tiempo bueno para hacer nada. Su novela estaría pronto
terminada ya y saldría normalmente editada. Además el debía viajar
futuramente a NY para terminar de arreglar los negocios que se habían quedado
sin terminar allá.
Siguió
caminando entonces, el frió comenzaba a aumentar conforme la tarde comenzaba a
caer. Las noches siempre eran las más frías.
Colocó
sus manos sobre sus bolsillos mientras seguía su andar, observaba las lámparas
que comenzaban a encenderse consecutivamente por la calle. Las pocas personas
seguían paseándose por la calle. Y es que todo últimamente había sido algo
extraño. Corrían ya las fechas en que la nieve deshielaba, sin embargo no
pasaba ahora. Ella seguía cayendo hacía casi un mes y no parecía en ningún
momento acabar el invierno.
Pasando
frente a una tienda grande no se dio cuenta en el momento que chocó contra
alguien. Era la segunda vez en un mes que chocaba inesperadamente con alguna
persona, se le estaba haciendo una extraña costumbre. La persona había
replegado contra la pared por la fuerza del golpe y él solo se había
tambaleado ligeramente. Exasperó y rechazó con la mirada lo que fuera a venir
enderezándose. Su mirada se enfocó en la joven que se tallaba el hombro
ligeramente al reciente golpe con el borde de la puerta de metal.
“Sumimasen”
ella dijo reclinándose cortésmente, sus ojos
violeta afilados grandes se fijaron en los lentes negros, como si ella pudiera
pasar a través de las gafas negras.
Y
por ese momento Yuki sintió que eso podría ser incluso verdad. Su mirada detrás
de los lentes negros sorprendió y giró lejos. Sus manos se acomodaron en sus
bolsillos de la gabardina grande negra y su cabeza giró al lado haciendo una
mueca de desagrado.
Yuki
Eiri no era de pedir disculpas, y se decidió a proseguir su camino mientras su
cabeza bajó, sus ojos cerraron aún con el seño fruncido y acomodó su paso
tranquilo.
“Yuki
Eiri” la voz firme hacen a Yuki voltear
precipitadamente hacia atrás, el viento ondeó su cabello rubio lejos mientras
el de la joven se mecía a gracia de él, su cuerpo permanecía ligeramente
volteado dando el perfil, solo su rostro volteaba, las manos permanecían caídas
a los lados, sus ojos eran firmes observándolo aún, no había seña de
desagrado en ella, era más bien determinación pintada en sus orbes grandes
violeta. “Lo veré mañana, llegue
puntualmente, 5 de la tarde, no lo olvide” después
de dicho esto, ella ondeó su mano atrás dando la espalda y siguiente su
camino, el viento aún meció su cabello largo mientras Yuki Eiri había
permanecido por un momento incluso helado a la percepción. Que
estaba pasando?
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
&&&&&&
Shiroi
cerraba detrás de si la puerta de entrada de su casa. Dejó su gabardina grande
colgada en el perchero y subió las escaleras, había una insinuación nostálgica
en su rostro subiendo pesadamente cada uno de los escalones recargando su mano
en la baranda de madera. Llegó por fin a su puerta, tan solo deseaba que
Shuichi no hubiera despertado aún. El tranquilizante debía haber terminado su
efecto a estas alturas y eso lo inquietó.
Abrió
la puerta nerviosamente, asomando ligeramente tan solo su mirada, en la cama se
notaba un bulto pequeño encogido enlazado entre las sábanas. Shiroi se apresuró
entonces, su temor era verdad, Shuichi había despertado ya.
En
medio de la cama, las sábanas y cobijas permanecían entrelazadas entre si, el
único joven cantante que había descansado allí era ahora un ovillo escondido
tembloros y asustado debajo de todo ello. Shiroi se acercó y nada más que la
figura lastimera de su joven ‘invitado’.
Shiroi
se acerdó, un sentimiento de culpabilidad comenzó a punzar dentro de su pecho
y las sensaciones de dolor dolían más cada vez. Era un cuento de ir y venir en
olas profundas abrazadoras que marcaban todo a su paso. Quien pudiera
imaginar?..el sentimiento venía y dolía.
Inseguro
si escarvar entre las sábanas Shiroi tuvo que hacerlo, sus manos quitaron
delicadamente cada una de las hojas de las sábanas buscando alguna manera de
ver al joven cantante, llegó hasta él, su cabeza permanecía entre sus dos
manos, sus ojos eran cerrados, su cuerpo era un temblor espasmo pequeño
mientras las lágrimas corrían por sus puras mejillas sonrosadas, el cabello
era desarreglado despeinó, las piernas permanecían juntas llegadas casi
tocando su frente, la respiración impar y el sollozo lamento pequeño que
escapaba de sus labios en cada momento. La sola vista realmente le hacía ver más
desconsolador de lo que ya podía sentir.
Había
dentro de Shuichi, Shiroi lo vió, una neblina espesa, un sentimiento vacío y
una soledad oscuridad que invadían su cuerpo, Ella se extendía abrasadoramente
sobre él como las flamas del infierno quemando a los que han pecado, envolviéndolo
en sus brazos de sufrimiento y haciéndolo aún más vulnerable y perdido, era
un sentimiento horrible, Shiroi se estremeció tan solo de verlo, pero es que
era todo tan claro, las personas no se daban cuenta entre sí de esas cosas,
pero ellas mismas eran tan transparentes a él...el joven cantante estaba
sufriendo y parecía que solo aumentaba su sufrimiento cada vez, porque no tan
solo habíase separado de la persona que amó, sino que ahora, su cuerpo había
sido por segunda vez maltratado, ultrajado sobre ventaja y torturado sus rasgos.
Sus ojos que apenas recuperaban momentáneamente el brillo en ellos ahora eran
solo sombras, ni siquiera decir que habían perdido el brillo, porque además de
ello, ahora eran opacos y sombras lastimeras que emanaban ese temor terrible y
venían arrasando con todo a su paso.
Shiroi
colocó finalmente su mano sobre el hombro del joven pequeño, que ahora lucía
incluso más pequeño y desamparado. De inmediato Shuichi se estremeció y giró
su mirada, angustia y temor reflejó y golpeó a Shiroi emocionalmente, Los ojos
grandes se abrieron y se fijaron en él, sus manos dejaron su cabeza momentáneamente
para girar sus labios esforzaban por articular alguna palabra audible que
saliera desde su garganta, pero incluso ellos eran tan secos que era casi
imposible sacar alguna, sus labios se esforzaron de nuevo igual que las cuerdas
de su voz, y ellas lograron articular más un lamento callado.
“Usted...di-jo...que...n-o
me de-ja..ria...” las lágrimas continuaron cayendo libremente hacia las sábanas
blancas para perderse en ellas, dejando una mancha gris a pesar de ello
“....lo pro-me..tió....y se fu-e...” las palabras se murieron y se secaron
en su garganta después de pronunciarlas. Shiroi dolió demasiado, había la
punzada insoportable dentro de su pecho luego que él dijera eso. Impulsivamente
Shiroi atrajo la figura más cerca de él y la abrazó herméticamente, la
cabeza de Shuichi descansó sobre su pecho casi a la altura de su regazo, sus
brazos se envolvieron alrededor de la cintura del joven pálido apretándolo tan
fuertemente como era posible, su cabeza se hundía y se escondía en la ropa
blanca, su cuerpo tembló nuevamente y las lágrimas invadieron una y otra vez
sus ojos resbalando por sus mejillas, quemando cada sensación dentro de Shiroi.
Shiroi
bajó su cabeza apretando la figura frágil contra él, pero ninguna lágrima
salía en su consuelo, él no podía llorar, él no sabía llorar. Más su labio
más bajo se contrajo mordiéndolo fuertemente, sus ojos cerraron mientras su
rostro reflejó el puro dolor que el mismo Shuichi emanaba. Las sábanas se
envolvieron aún alrededor del joven cantante, el cuerpo temblaba, la respiración
venía impar y se sobresaltaba con cada respiración profunda. El mismo viento y
aire que entraba a sus pulmones intentaba ser un consuelo callado, el mismo
viento se sentía inútil a la situación, el mismo viento trajo a las nubes con
nieve y lloraron con él.
El
lamento del viento abanicó las copas verdes de los árboles mientras ellos
dejaban caer sus ojos en el mismo llanto. La luna asomó por la ventana las
cortinas clara s y lloró igual. Todos acompañando el dolor creciente.
Las
manos apretaron fuertemente su asimiento mientras las escenas devastadoras venían
a su cabeza una y otra vez, los gritos y la súplica, y el mismo Shuichi en ese
momento gritaba a lamentos escondidos, su grito se perdía entre la ropa blanca
y las mismas sábanas, el lamento desgarrador que salía de su garganta y
Shiroi...tan solo abrazaba y dejaba el sollozo correr, los gritos seguir, nadie
los oiría mas que ellos. Y solos se acompañarían, seguramente durante el
resto de la noche.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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“Eh
Aika-chan, usted vuelve tarde” la voz masculina del hombre que descansaba
sobre el mueble hicieron a ella voltear con la misma sonrisa amable que adornaba
su rostro normalmente, sus manos se juntaron atrás cuando ella giro
medianamente y su cabello ondeó mas allá de ella.
“Gomen
nasai Ojisan-K, pero yo me encontré con personas muy interesantes hoy” ella
dijo mientras acomodaba un sueter sobre el perchero.
K
sonrió a ella, sus ojos azules la miraron caminar hacia la cocina aún con la
sonrisa en su rostro, el había estado limpiando su arma favorita a pulir hasta
dejar el brillo de la luz contra ella fuera de lo más satisfactorio. Poniéndose
de pie, K la siguió a la cocina mientras dejaba su arma sobre la mesa. Ella se
asomaba a ese momento al enfriador y sacaba de dentro de él un postre de flan.
Ella sonrió a la delicia del postre y tomó una cuchara pequeña para comenzar
a comerlo.
“La
próxima vez, no se olvide avisar, right?” K advirtió divertido a la joven
que en ese momento zambullía un pedazo más grande que su boca dentro de ella.
El se recargaba en el marco de la puerta de madera de su apartamento cruzando
los brazos.”Recuerde que sus padres la dejaron encargada conmigo y no deseo
tener problemas por ello”
“S’ok
S’ok Ojisaan” Ella dejó tragar el pedazo
grande de flan, y sonrió nuevamente a K. “Ah
por cierto!” ella dio un pequeño brinco
hacia atrás dejando el plato sobre la barra, su semblante cambió de repente a
una seriedad que solo utilizaba cuando se trataba realmente de algo importante “Yo
estaré saliendo mañana, es importante, tengo dos citas, una a las 5 y la otra
a las 8 a domicilio, espéreme tarde Ojisan-K” sus
ojos se fijaron dentro de los cerúleos de K mientras la mirada permanecía
seria y solemne.
K
sonrió en ese momento y se encogió de hombros “Ok my little girl, yo la
esperaré entonces mañana tarde” K se dio la vuelta como su coleta ondeó
detrás de él y echó una última mirada a ella “es porque usted conoció a
Shuichi-kun y a Yuki-san right?” la sola mirada reflejó en la punta de sus
ojos afilados.
“Hahahahahaha,
usted es so bueno deductivo Ojisan-K” ella
rió notablemente acomodando otro pedazo de flan dentro de su boca.
K
echó la última mirada y subió las escaleras a su habitación, un momento más
la joven dejaba lavados sus platos y se sentó un momento a la sala, su vista se
perdió en la inmensidad de la noche que pasaba por la ventana y la nieve que caía
sobre la calle como un lamento. Sonriendo nostálgicamente ella perdió su vista
en el firmamento vacío de la oscuridad.
Tsuzuku...