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Parte 10. 
Sweet Honesty.

 

“Yo estoy saliendo Ojisan-K!!!” acomodando su vestido largo, ella dio los últimos toques a su cabello esta vez sostenido en un chongo con cabello suelto al final, era alrededor pasado por una cinta color rojo que terminaba en un moño grande notorio y cintas al final. Nunca llevó ella ningún maquillaje, salvo a veces los labios y con tonalidades muy ligeras. Dando palmaditas a su vestido para observar algún punto malo en él, ella se miró al espejo momentáneamente, . Hoy, estaba llevando un vestido largo hasta los tobillos, las botas negras hacían gala en sus pies, ellas eran de piel y relucían bien con el vestido negro largo, la tela era opaca con un toque brillantéz pequeño, de su cintura caía  más suelto y era un poco más entallado arriba, de manga larga y cuello alto, casi del parecido del azul, solo que éste era menos ‘infantil’ tomó el saco negro sencillo y se lo puso encima hacía perfecta combinación, una cruz plateada colgó hacia su pecho, ella acomodó la pulsera de plata. Una vez que se sintió completamente lista, ella bajó con su bolso en mano. “Eh, Oiisan-K, oyo usted lo que le dije?” ella inquirió llevando la mano a la cintura poniéndose frente al manager de BL que permanecía detrás del periódico.  

“Ah well my girl!! Vaya con bien” el rubio despidió aún si quitar su vista del periódico frente a él, movió la mano en señal de aprobación y continuó leyendo.

 

Ella dio un suspiro largo en resignación. Y es que K era del todo distraído cuando de su periódico matutino se trataba. Ella sonrió a eso. Hacía 5 años que conocía a K después del imprevisto aquel con...jeje bueno, el recuerdo era gracioso sin duda. Sus padres habían conocido a K y habían hecho amistad a través de años, para que, ahora ella le llamaba Ojisan, además K era semejante buena persona que a ella le agradó mucho.  

Sonriendo a sus pensamientos ella despidió un último ‘chao’ y salió del apartamento. El día pintaba claro, mas no por ello significaba caluroso. Alzó una mano tapando la claridad del día, la gente que pasaba por la calle hacía su manera de compras, negocios, estudios o cualquier cosa. Ella continuó su paso, el día de hoy habría dos encuentros importantes en su agenda. Detúvose en uno de los puestos para comprar lo mejora para cada ocasión, luego de conseguir satisfactoriamente su idea ella siguió en su andar. Habían mandadola sus padres para que ella pudiese encontrar un trabajo incluso y vivir un tiempo más tranquila a la vida agitada que ellos llevaron normalmente. Ella cogió el libro que guardaba en su bolsa, buscó un lugar tranquilo en el parque y ahí se sentó sin mas. Abrió e libro en la página correcta y comenzó a leer un poco mientras en su boca jugueteaba un palito de caramelo.  

El viento pegó y jugueteó en su cabello a sonrisa de ella, sosteniendo el caramelo con una mano ella pasaba la página del libro momentáneamente.  

Cuando su pecho picó en dolor. Soltando el libro abruptamente tanto el caramelo igual cayó a tierra, sus ojos se estrecharon y la mirada fijó al suelo, su respiración se volvió casi completamente nula impar, su mano viajó a su pecho y lo sostuvo en un asimiento fuerte a la ropa, como si ello redujera el dolor punzante. Haciendo esfuerzos tremendos ella recuperó nuevamente el aliento sofocado en su pecho, la tensión de su cuerpo bajó y ella se recargó completamente hacia atrás en la banca del parque, su vista había sido casi borrosa en ese momento y ahora aclaraba perfectamente bien en las tonalidades verdes que brincoteaban en vida de las copas de los árboles.  La respiración relajó como los colores y los sonidos volvieron a sus oídos, el dolor partió lejos y ella dio un suspiro alto y llano para recuperarse. Habían pasado así por lo menos 10 minutos hasta sentirse segura de estar ya completa bien. Una vez sentida correcto ella recogió el libro caído y gruñó a su caramelo también caído ahora cubierto por hormigas a montón. Sacó otro caramelo de su bolsa y se levantó entonces. El día sería bueno, debía de. Ella sonrió a sus pensamientos y continuó su paso antes de que llegara la tarde y tener que atender sus citas.  

 

&&&&&     Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow    &&&&&&

   

Había caminado sin un rumbo aparente probablemente hacía más de una hora. El sol brillaba pero no era un calor que lograra derretir la nieve con que las calles continuaban cubiertas, era más bien un sol luminoso que podía conservar el ambiente fresco aún. Sus lentes oscuros se acomodaban normalmente sobre sus ojos miel dorados y el viento aún abanicaba jugueteando su cabello desordenado. Su gabardina grande negra hacía gala de la exquisitez de sus gustos a tono perfecto con su demás ropa del mismo tono. Su seño se fruncía como normalmente hacía y había una mueca disgusto en sus labios delgados.  

Sus pensamientos habían volado demasiado lejos de su cuerpo físico como para lograr captar algo más allá de sus ambientes circundantes. Echando un suspiro al aire el exasperó a su presencia misma física. Había ahora algo más que disgusto por todo, la gente no le agradaba demasiado de hecho, nunca lo hizo. Había salido hacía 2 horas de una entrevista acerca de su libro y había tenido una discusión llena con la editorial que al final había rogado por él no retirarse. Él se había enfadado después de ello, no había de ningún modo algún trato digno y menos dignidad por las personas que trabajaban ahí. Ellas eran todas igual hipócritas y llenas sus manos de un dinero que había sido casi extraído por el esfuerzo de otros. El no podía quejarse demasiado, desde que él era un escritor y ganaba bien. Pero hoy sus ánimos estaban exasperando a través de todo. El resopló incluso a su propios pensamientos.  

Sus pasos se detuvieron de repente cuando él logró regresar de la lejanía de sus meditaciones. Cuando giró la mirada se encontró frente a un restaurant bastante reconocido que hacía gala de su excelencia en servicio y platillos exquisitos. Sin pensarlo realmente entró a ese lugar, tal vez tomarse algún café le ayudaría a aclarar todo lo que su cabeza estaba embotada.  

Al frente, había un recepcionista que tomaba y daba las mesas. Se acercó prevenidamente a él y aún se encontraba bastante señudo. El hombre era joven, cerca de los 25 años y con un gesto amable y servicial.

 

“Su nombre por favor” el empleado pidió cortésmente y con un gesto de seriedad bien entrenado.

“Yuki Eiri” el contestó, realmente no podía decir demasiado, desde que él no había dejado reservación.  

“Mr. Eiri, su mesa espera” el empleado invitó con cortesía dentro haciendo inclinándose levemente y levantando su mano para indicar. Yuki lo siguió entonces, donde otro empleado lo llevaría a la mesa asignada.

 

El restaurant era grande, había al centro una pista de baile con azulejos perfectamente pulidos en gris, negro y algo de blanco picado. Las mesas rodeaban la pista escalonada en secciones. Había un perfecto tono con la música clásica de buen gusto que tocaba a tono violines, bajo, contrabajo, piano e incluso arpa. El timbre pegaba de personas de clase alta principalmente que hablaban más superficialidades de las que Yuki podría soportar. El salón escalonado era completamente alfombrado de color vino, las cortinas a los ventanales grandes aterciopeladas del mismo tono con terminal dorado, había una facha cortina más ligera antes que ella de un color blanco bajo. El cuarto era pintado vinílica beige, los niveles eran separados por barandas doradas y de madera tallada decoración finales del siglo XVIII. Los cuadros eran de pintores reconocidos, desde cuadros clásicos hasta Diego Ribera, Piccaso, Da’Vinci, Miguel Ángel, rodeados por marcos adornados tallados a mano. Las lámparas eran de un estilo antiguo igual, con una estela que caía en cristales y tintineaban elegantemente.  Cada mesa era separada de la otra por una semi-barda pequeña de madera con algunas plantas, desde lirios blanquecinos, hasta violáceos e incluso purpúreos. Enredaderas pequeñas colgaban para darle un ambiente más estrecho natural a la vez, y las fuentes había en cada uno de las mesas al lado dejando bajar agua en sonidos callados.

Realmente el gusto de ese restaurante era exquisito, Yuki mismo podía afirmar.

 

“Señor...” la voz del empleado le hicieron a Yuki volver sus pensamientos a lo que estaba. Casi soltando un gruñido involuntario Yuki miró al empleado joven. “Su mesa” el dijo, cuando señaló la mesa al lado de él. Sin embargo fue una sorpresa grande bastante hallar.  

“Bueno para encontrárselo nuevamente, Yuki Eiri” armoniosa la voz de la joven habló, mientras se ponía de pie con un gusto delicado y saludaba atentamente.

 

El empleado se retiró entonces, para Yuki aún seguía de pie bastante confundido hasta donde cabía. Como se supone que...que estaba pasando?!

 

“Tu...como?” Yuki podría intentar hallar una solución coherente pero es que ahora no había mas que la GRAN coincidencia, e incluso ella estaba dejando de ser la razón más práctica al hecho.  

“Alegre de saber que usted es puntual” ella sonrió afiladamente cuando sus ojos hicieron un seño sospechoso, justo en ese momento el reloj grande de la esquina sonaba 5 veces. Eran exactas, las 5 de la tarde. “Pero por favor, tome asiento” ella ofreció amablemente mientras sonreía calurosamente.

 

Yuki se sentó al momento, había demasiadas preguntas en su cabeza para poderlas procesar todas a la vez, desde lo que estaba pasando con cierto cantante hiperactivo, un muchacho de piel cándida blanca y ahora, esta joven tan extraña...Eiri retiró sus lentes inmediatamente dejándolos junto a él. El mesero llegó con las cartas y se retiró momentáneamente.  

La joven al frente de él acomodó plegando su vestido cerrando sus ojos momentáneamente, recogió la carta de sobre la mesa y la abrió frente a ella. Observó de lleno el menú y escogió algo. Yuki aún no abría siquiera su carta cuando el mesero llegó para tomar la orden. Ella sonrío a Eiri y luego volteó a su carta mientras indicaba al mesero.

 

“El plato principal para mi, acompañado de un té de manzana y una tarta de uvas” ella indicó mirando con la punta de sus ojos al joven rubio “Para él el plato principal igual, un café negro y un ‘bifú’ de vino blanco” luego de sonreír notablemente el mesero se retiró y los dejó solos al momento.

 

Yuki conservaba su seño fruncido y metido en sus pensamientos dándose cuenta de que la joven había ordenado para él. Ella se permitió sonreír nuevamente un momento para luego fijar su mirada sagaz sobre el joven rubio.

 

“Bien Yuki Eiri-san, hay algo que usted quiera hablar sobre?” ella preguntó finalmente como si esa fuera la señal que Eiri necesitó para poder comenzar a preguntar.  

“Quien es usted?” Eiri indicó frunciendo el seño en absoluta desconfianza.  

“Ah cierto, gomen nasai, yo olvidé presentarme. Mi nombre es Aika, agrado de conocerle” ella dijo sonriendo nuevamente.  

“Como sabe mi nombre?, como es que....llegué aquí justo a la hora que usted mencionó ayer?” Eran dos preguntas cierto, pero eran dudas grandes que necesitaron respuesta ahora.  

“Su nombre? Usted es demasiado conocido para no saberlo Eiri-san, como es que llegó? Eso debería preguntárselo usted mismo” ella afirmó normalmente sonriendo calurosamente.

 

Eiri se quedó callado un momento, habían pasado demasiadas cosas extrañas últimamente  como para intentar explicárselas en ese tiempo.  

El mesero llegó entonces con su comida. La joven agradeció cortésmente y los alimentos comenzaron a ser tomados. Había un silencio entre ellos mientras comían. Yuki necesitaba procesar lo que estaba pasando y ella en cambio dejaría el tema de lado un momento. Una vez que hubieron terminado el mesero llegó con la cuenta. Ella agradeció inmediatamente y pagó, sin tomar en cuenta el gesto de disgusto del escritor joven. Agradeciendo nuevamente ellos salieron finalmente a la calle. Eran cerca de las 6 de la tarde cuando salieron. Ella echaba un vistazo a cada lado de la calle.

 

“Sígame” fue prácticamente una orden y el cuerpo de Eiri se negó a desobedecer. Aunque su cabeza lo regañó de idiota, su cuerpo mismo parecía reaccionar la orden. Cruzaron por lo menos 5 cuadras después del restaurant y llegaron a un edificio que constaba de 15 pisos aproximadamente. Los cristales grandes polarizados azulados era la primera vista. Había el porterista en la entrada que amablemente les permitió el paso saludando gentil y familiarmente a la joven. Entraron entonces sin fijarse demasiado en detalles directamente al elevador llegaron entonces al piso número 14 del edificio. El piso era alfombrado con una tonalidad violácea grata la vista, había en ese piso dos puertas grandes pareciendo tal vez oficinas. Una de ellas era blanca y la otra café. Había ningún adorno sobre la pared, pintado vinílica beige parecida al restaurant. Deteniéndose frente a la puerta blanca ella sacó de entre su bolsa una llave y abrió propiamente. Invitando con una seña al joven rubio a pasar, éste entró aún sin poder controlar el impulso grande que lo llevaba a seguirla. Entró ella finalmente después y cerró detrás suyo. Era una especie de sala de espera, había cuadros surrealistas por las paredes, los muebles eran de tonos beige y amarillos, la mesa esquinera sostenía algunos tipos de libros para leer, no las revistas usuales, sino libros de buen gusto, colecciones de novelas clásicas incluso, hasta libros especializados de medicina, arquitectura o de idiomas. Incluso un estante pequeño de libros infantiles. La mesa de en medio era adornada por una jarra de dulces y galletas a la vista por si alguien quisiera tomar. Toda la habitación era alfombrada de un gris casi traslúcido, con tonalidades café diferentes e incluso algún toque de amarillo bajo. Había igual un escritorio de madera, una computadora frente a él, teléfono, fax y algún otro objeto de oficina. Una puerta pequeña que seguro conduciría a un baño y una puerta un poco más grande junto al escritorio.

 

Sonriendo aún a él ella invitó a la puerta al lado del escritorio y pasó. Dentro había un sillón reclinable, el espacio era amplio, había libreros con libros extensos de distintas materias, el ambiente era rodeado por una sensación de tranquilidad que Eiri no sabía determinar de donde venía exactamente. No había ahí ningún escritorio propiamente, solo un sillón grande rojo que rompía con el ambiente de los otros colores. Una mesa pequeña con ruedas junto a ese sillón, dos esquineros que sostenían plantas exóticas en ellas, un estante con juguetes para niños, un estante que tenía más muñecas de porcelana de colección, los libros eran clasificados por materias o contenido, Y ciertamente, los libros del escritor Yuki Eiri figuraban entre ellos. El Ventanal grande polarizado por fuera en azul sostenía cortinas con tonos verdes opacos apagados en ellas, para darle tal vez un aire más tranquilo a la excitación producida por colores más fuertes.  Era igual alfombrado del mismo color que la sala de espera. Había una mesita de estilo tallado arquitectura mexicana al lado del sillón reclinable y algo parecido a una sillón grande recargado a la pared, más grande de lo usual ciertamente, casi era seguro que parecía una cama sin embargo seguía siendo un sillón.  

Sonriendo amablemente ella invitó a sentarse. El hizo lo propio, aun no convencido de porque cooperaba con ella o lograba seguir sus órdenes. Cosa que lo molestó más profundamente. Tomó asiento ella sobre el sillón rojo grande y él en el mueble reclinable. Sus manos abrocharon frente a él mientras sus codos se recargaban sobre sus muslos, su cabeza bajó ligeramente mientras su mirada se encontraba a la altura de sus manos entrelazadas reclinado ligeramente hacia delante.

Ella acomodó su vestido y tomó un lápiz y un papel respectivamente con una tabla pequeña que tenía pintado en ella un pirograbado de una niña de cabello largo y ojos más anchos.

 

“Eiri-san” su voz suave trotó por sobre el viento y condujo a Eiri a voltear hacia ella “usted tiene muchas preguntas en mente, pero ahora, usted necesita otras respuestas diferentes a las preguntas que usted tiene, habrá tiempo para preguntarme lo que desee después, ahora lo mejor es comenzar con esto” ella sonrió nuevamente mientras esperaba a Eiri decir tal vez algo.  

 

Yuki gruñó y ahondó su seño de enfado más profundamente ¿qué deseaba ella? ¿qué pensaba? Ella no tenía ningún derecho incluso, además ella era la maldición demasiado extraña. Y nadie tenía derecho a saber sobre él, no no, esto se estaba saliendo de control.

 

“Que quiere usted?” Eiri advirtió casi en el tono afilante intimidante de su voz, sin surtir efecto alguno en ella que sonreía aún.  

“Que quiero yo?, no sería mejor, que desea usted Eiri-san?” Ella soltó momentáneamente el lápiz, un gesto de confianza se extendió en sus facciones.  

“Eso que el infierno tiene usted que decirme? Solo está dando vueltas a un asunto que no tiene salida alguna, solo está intentando confundirme, escúcheme” Yuki afiló su mirada despectiva, la que al cualquiera haría estremecer por su frialdad “no se meta en mi vida, váyase, me molesta” esas palabras y su tonalidad hubieran herido a cualquiera, pero no a ella.  

“Eiri-san” ella giró su cabeza un poco, pero la confianza en sí misma aún no desaparecía de su rostro “Deje de parecer gusta bonito arrogante delante de mí, no intente ser más listo que yo, usted perdería” ella en ningún momento cambió su tonalidad de voz, esta se conservó moderada y tranquila “usted está usando la colonia que seguramente vino de un regalo de navidad...de su hermana posiblemente, no espere, parece más bien gusta elegido por su cuñado, su loción es de una botella azulada, y justamente hoy usted se levantó de un humor malo porque su camisa está tirada descuidadamente al lado, además, usted puede tener en su sala un cuadro en tonalidades vivas, pero bastante surrealista, a la vista no pareciendo nada en particular, usted no gusta mucho de la televisión y en cambio siempre ha preferido la calma de su soledad, ah! Pero usted lo hace porque usted teme, teme a las personas que pueden descubrirlo y entrar en su vida, usted huye de un pasado con el que no puede cargar, pero usted no está pidiendo ayuda a nadie por su propio temor, sin darse cuenta que es justo su ego estúpido el que aleja a las personas de usted, creyendo que nadie querría recibirlo en su corazón si se enteraran de su pasado ‘oscuro’ llamado por usted, creyendo que todo es mejor si usted no está pero, sin darse cuenta que tontamente hace daño a las personas que más quiere, negando el sentimiento que usted tiene hacia esas personas, es en especial una miento?, esa persona seguramente es hiperactiva, alegre, e irradia calor,  ha de ser una persona por demás amistosa pero hasta cierto punto insegura de usted ¿por qué? Por la manera en que usted la trata, ah, esa persona seguramente gusta de los sabores dulces, más diferente a usted, y seguramente es bastante ruidoso, pese a usted que le dirá que es molesta, sin embargo usted la aceptará dentro de si. Usted tiene por sobre más una persona posesiva a usted, gusta de los colores oscuros en su ropa y agrada demasiado al fumar, como un escape, y en sus novelas usted puede plasmar todo lo que usted incluso no es capaz de dar o recibir, porque usted se siente indigno” su voz cortó súbitamente cuando su mirada se afiló al frente para mirarlo firmemente a sus ojos. Ellos eran grandes desorbitados y demasiado confundidos. Ella sonrió nuevamente “es correcto lo que digo?”

 

Sus pupilas eran anchas, grandes sus ojos abrieron a lo más incluso que daban, su cuerpo temblaba en un momento, sus labios habían permanecido ligeramente partidos sin lograr expresar ninguna palabra dentro de ellos. Ninguna salió de ellos. Su mente era demasiado confundida en todo lo que había pasado, era como si su vida misma estuviera dando giros involuntarios y bruscos pasando frente a él como una mala película, un colapso más y eso sería la catástrofe. Pero no venía ningún shock nervioso incluso, era como si ella hubiera declarado todo tan calculadoramente que hasta la reacción física del shock hubiera detenido. Sus ojos enfocaron dentro de la amatista violeta de ella un momento. En ella se extendía media sonrisa de confianza cuando él tenía una respiración impar y un sentimiento ahogado en el pecho. Todo era demasiado lejano en ese momento. Sus ambientes comenzaron a filtrarse en un amarillo nauseabundo en un momento y luego perdió el conocimiento.  

Ella sonrió. Había esperado ciertamente esa reacción en él. Era tan solo un desmayo ligero a impresión, tomando un vaso de agua del frigobar pequeño de la esquina ella llevó el agua los labios del escritor joven y lo hizo beber un poco. Ella esperaría, aún había mucho que hablar. Sonriendo afectadamente a ella misma por la veracidad de sus palabras el teléfono cercó en un sonido silencioso. Ella se acercó nuevamente y contesto cordialmente.

 

“Si?”  

“Ah Shiro-san!, justo esperaba su llamada hace apenas 2 minutos” ella acomodó otro sorbo de agua en sus labios.  

“No preocupa Shiroi-san, yo estaré ahí a las 8 de la noche”  

“Si, si”  

“S’ok, nos veremos dentro de un rato, ‘chao’” colgó ella el teléfono en ese momento y sonrió. Mirando nuevamente al joven rubio escritor desmayado ella asomó por el ventanal grande de esa habitación. Miró el edificio que quedaba justo a unas calles de ahí.  La productora NG, donde el grupo Bad Luck tenía su contrato.  

“Pronto iré a visitarlo, Seguchi Tohma” ella sonrió nuevamente mientras continuaba mirando fijamente en su espera.

 

 

Tsuzuku...