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Parte 11. 
Dirty Sensation.

 

Su cabeza guardaba una tremenda jaqueca que golpeteaba en su frente y a los lados, la sola luz tenue de la habitación era suficiente para manejar su dolor venir más loco y frenéticamente. Cogiendo su cabeza fuertemente el se enderezaba entonces, había sobre él una cobija pequeña, la noche había caído al parecer, ya que el ventanal grande reflejaba pequeñamente las luces encendidas de la calle. Enderezándose totalmente entonces el cogió vista más próxima de sus alrededores, había estado en la habitación grande recostado sobre el sillón de tamaño mayor, había un vaso de agua junto a él y dos pastillas. Tomó entre sus manos ambas pastillas y las observó por un momento, haciéndolas saltar en su mano el tomó el vaso que descansaba junto y lo llevó hacia sus labios poniendo las pastillas en su boca y tragó, dejando el baso pesadamente junto recargó su cabeza unos instantes más hacia atrás, su vista se fijó en el techo lejano y cada recoveco gravado en su mente, por ahora era mejor no pensar. No supo en realidad cuantos minutos pudo estar así, pero fue suficiente tiempo para hacer a su cabeza dejar de dolor lo suficiente, soltando un bollo de aire caliente se enderezó finalmente, la silla que estaba un poco alejada ahora le estaba dando la espalda. La silla grande giró entonces, la joven de cabello largo había permanecido en ella completamente callada, cuando la silla giró ella tenía sus manos entrelazadas al frente de manera vertical, sus ojos eran una confianza extrema que Eiri poco conoció, una sonrisa pequeña se extendía por su rostro, el vestido rico caía elegantemente arreglado y plegado.

 

“Irashaimasen Eiri-san”  ella sonrió mientras bajó sus manos y se ponía de pie en la silla, sus pies se cruzaron uno delante del otro mientras con pasos lentos y seguros se acercó hasta toparse de frente con el escritor joven, ella se hizo hacia el frente casi completamente tocando casi su rostro con el propio “alegre de que despierte ya” ella abrió los ojos conforme Eiri se retiraba hacia atrás debido a la cercanía, el podía sentir perfectamente bien el aire caluroso que ella despedía con cada bocanada de aire.

 

Yuki tenía su rostro desconcertado, la cercanía y confianza de la joven habían manejándolo romper su postura fría y firme, porque ella era incluso más dura y descarada que él si quería serlo, pero justamente ahora estaba siendo hasta cierto punto ‘dulce’. Ella rió al ver su gesto confundido mientras se retiraba atrás entre risas pequeñas, sus manos se llevaron al frente abanicándose ligeramente burlándose de su bochorno.  Girando su cuerpo delgado completamente su falda ondeó elegantemente mientras ella dio la espalda un momento, sus manos se entrelazaron a su espalda y sus pies se cruzaron nuevamente, Yuki se quedó observándola un minuto más en silencio, y luego frunció el entrecejo regresando a su postura fría y dura de siempre.

 

“Bien Eiri-san, no gana nada con llevar esa postura frente a mi, ya ha visto, yo soy capaz de derrumbarla en unos segundos ne?”  la declaración calló como un balde de agua fría sobre Yuki, que demonios estaba diciendo esta mujer?!. Oh, pero su memoria recordó cada palabra que había salido de la boca de ella hacía unos momentos, la mirada afilada y confiada con que los decía, la certeza total en sus palabras, de donde habría podido ella saber tanto? Era imposible!...quien se supone era ella?  

“C-como?” un tartamudeo vino de su pregunta reciente, sus ojos arrastraron para toparse con la joven que había girado ya frente a él, ella se sentaba entonces en el mismo sillón arreglando ligeramente su vestido, con calma aparente ella volteaba enderezándose un poco más para ver a los ojos al escritor joven.  

“Ah, buena pregunta Eiri-san, yo le diré si usted promete algo a mi” ella sonrió ligeramente ablandando sus facciones tiernamente, ahora parecía una jovencita pequeña incluso inocente e incrédula al mundo.  

“Que?” el preguntó déspota y desinteresadamente, su característica frialdad picaba en cada una de sus palabras y tajaba con una ráfaga de viento quemante a la piel delicada, pero ella no era de sorprenderse en absoluto, al contrario de lo que parecía, disfrutar de ese tipo de arrebatos.  

“Hablará conmigo de todo ello Eiri-san” su rostro fue serio entonces, en un momento breve las miradas profundas se encontraron totalmente, ella hablaba completamente en serio, pero porque? Que deseaba esa joven?, eran las preguntas que pasaron por la cabeza de Yuki mientras sin poder explicar, no podía alejar la mirada violeta profunda.  

“Esta bien” Yuki giró su mirada exasperado hacia abajo, sus ojos cerraron a su seño inconforme, sus manos permanecían entrelazadas con ellas mismas. No había ninguna razón buena o suficiente para haber aceptado, pero el tan solo pensó por un momento...tal vez esa chica sería diferente...  

“Buena decisión Eiri-san” ella sonrió finalmente mientras una de sus manos se arrastró hasta tocar el rostro de Yuki, con sorpresa de éste, ella giró el rostro claro para toparse nuevamente con sus ojos miel, arrastrando su otra mano ella tomo la otra mejilla del escritor joven, y lenta y sigilosamente se acercó hasta dejar un beso delicado y pequeño en sus labios suaves. El rostro de Yuki no podía más que reflejar confusión y desconcierto, los ojos abrían grandes y aún ninguna parte de su cuerpo era para reaccionar o tirar a la joven lejos, ella sonrió finalmente soltando el rostro atractivo de sus manos mientras se ponía de pie, su vestido giró detrás de ella mientras con pasos pequeños se acercó hasta el ventanal grande, una de sus manos pegó con el cristal mientras veía la calle oscura los autos y las personas pasar. Yuki solo pudo seguirla con la mirada por ese momento no supo que tan largo “yo puedo percibir todas esas cosas Eiri-san, no hace falta más que deducir y asociar un poco para saber todo lo que yo le dije, solo que las personas rara vez toman en cuenta lo que sucede a su alrededor, por eso no nos damos cuenta de muchas cosas, pero yo...” su mano apretó contra si misma aún recargada sobre el vidrio grande, sus dientes casi apretaron juntos mientras su mirada ensombreció por un instante “...yo aprendí a verlo, a percibirlo, después de algún acontecimiento, Eiri-san, yo se que soy capaz de ayudarlo, pero eso depende de que tanto quiera usted ser ayudado, me entiende?” ella se giró entonces, su pelo cepilló suelto sobre su mejilla, sus manos caían  a sus lados, sus ojos permanecían cautos, pero sus rasgos se habían ablandado por ese momento, incluso podía ver más que melancolía en su mirada profunda.  

“Entiendo” Yuki cerró sus ojos por un momento, había alguien más que en su vida había dicho lo mismo, que quería ayudarlo...y él lo había enviado lejos, incluso cuando el creyó que podía encontrar su paz, su dependencia fue lo único que había logrado, y esa persona...él le debía mucho. Por que? Por qué se esforzaría por ayudarlo ahora ella?, el siempre hirió  a las personas que fueron cerca...sin embargo había sinceridad y entrega en las palabras de la joven, y el deseo de ayudarlo era completamente transparente, ella podía ser suspicaz, pero aún era una pequeña inocente.  

“Dômo Arigatô Eiri-san...” ella se acercó unos pasos lentos hacia él, Yuki se ponía de pie, aunque no supo de donde venía el impulso simplemente optó por seguirlo, sus miradas se encontraron por un instante más, luego, él extendió sus brazos proteccionistamente hacia ella y la tomo en un abrazo certero y sincero, más de lo que Yuki mismo podría expresar. Acogió el cuerpo más pequeño contra su pecho y descansó su barbilla sobre el cabello suave oscuro de la joven.

 

No supo Yuki si fue mucho o poco tiempo el que permaneció en esa posición, pero había un sentimiento confortable que nacía dentro de él, no sabía porque ella tenía ese efecto, pero algo le decía que era bueno.  

Al pensar en ello Yuki se encontró finalmente manejando su automóvil hacia su departamento, ahora vacío completamente, mientras la soledad gruñía sentada junto a él, lo estaba perdiendo y todo por culpa de la joven esa...no sería así, ella debía ganar, Yuki Eiri sería suyo! Así fuera lo último que hiciera, y ni ella ni la nieve podrían hacer algo para evitarlo.

 

 

&&&&&     Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow    &&&&&&

 

 

Había caminado por lo menos 10 cuadras hasta ahora y aún faltaba camino, de su boca, las bocanadas calientes salían en cada una de sus respiraciones, su bufanda tiraba al lado de ella cubriendo su cuello, descansaba sus manos en las bolsas de su gabardina larga, sus pies adornados con botas de piel gruesas, y aún así el frío de la noche se sentía fuerte en su cuerpo. Continuando su paso, aún faltaba otro tramo por caminar, tal vez habría sido mejor tomar un taxi o ir en auto , pero necesitaba un poco despejar sus pensamientos.   

Había alcanzado por fin su destino, la casa blanca se extendía casi sola por esa calle, abriendo la reja de madera pequeña blanca ella entró por el camino delante de la casa, llegando completamente a la puerta de acabado rústico tocó ligeramente. De dentro de la casa ella pudo escuchar casi imperceptibles unos pasos que se aproximaban, ese seguramente debía ser Shiroi-san.  

La puerta se abrió finalmente, frente a ella, con la mirada baja, el joven de cabello blanquecino y figura delgada hacía su aparición, la oscuridad reinaba por las luces apagadas en la casa, solo se  dejaba notar la media luz que escapaba por la rendija de la puerta de arriba que había quedado ligeramente abierta. Haciendo una seña cortés el extendió su mano para hacerla pasar, ella entró a la casa y dejó su gabardina en el perchero, aunque la primera percepción de la casa era fría, había sin embargo un sentimiento de calidez.   

Subiendo las escaleras del pasillo corto hacia la habitación que guardaba al joven cantante, cada paso caía sobre el crujido leve de la madera, pero era un sonido hueco que hacía eco por los contornos de la casa, chapuceando en cada rincón e hilo de la alfombra blanca. Había echado ella un vistazo pequeño a las características de la casa, ella podía conocer ahora la identidad del joven de piel blanca. Cerrando sus ojos un momento ella suspiró concretamente a su idea, poco después, la puerta blanca de la única habitación cuarto de la casa era ya próxima, dejando pasar una leve luz por la rendija que había quedado ligeramente abierta, y cubriendo de más blanco la oscuridad de la casa.  

Volteando su mirada un poco y casi de reojo, Shiroi hizo a su manera adelatándose ligeramente frente a ella, la puerta se abrió tras un sonido casi imperceptible, de no ser por lo agudo de su oído hábil, ni ella lo hubiera podido percibir. El primer paso fue del joven de piel pálida inmediatamente seguida en pequeño paso por la joven de cabello largo.  

Shiroi se detenía un momento breve observando la habitación, Shuichi había estado en la bañera hacía un rato y por ese breve momento se había dirigido a atender la llamada de la puerta. Entrando a la habitación completamente el podía sentir la cercanía de la joven a sus espaldas, ella era una persona misteriosa a él, incluso, él que siempre había podido darse cuenta de lo oculto de cada persona, ver a través de lo que su imagen o cuerpo daban, el podría revelar lo que había y la realidad, pero no de ella, ella se cubría por una neblina espesa imposible de atravesar, y sin embargo, él sabía que la única manera de desentrañar algo era confiar en ella. Shiroi se detuvo frente a la puerta del baño y serenamente la abrió girando la perilla lentamente, a la vista, el joven cantante se hacía un ovillo pequeño recargado totalmente a una esquina de la bañera, por fortuna el agua era cálida aún y eso no implicaba riesgo a su salud, algo de lo que Shiroi se preocupaba mucho. Había una neblina ligera que cubría el baño y los espejos debido a la calidez alta del agua, ella hacía rodear el cuerpo frío del joven de piel pálida, una percepción ligera de esa sensación que raramente el podría sentir.  

El sonido vacío que provocaba cada gota al salir de la llave de la bañera hacía eco sordo en sus oídos cuando él lanzó un suspiro intentando contener el nudo en la garganta que provocaba el temblor de su cuerpo delgado. Shuichi solo cogía vista del agua clara de la bañera, y parecía observar calladamente su piel acaramelada de las piernas recogidas, pero sus pensamientos eran más lejanos de lo que alguien pudiera imaginar. Sus ojos cristalinos vidriaban por cada respiración ligera, y ni la calidez y pureza del agua eran en ese momento alivio para su cuerpo ultrajado y su alma quebrantada.  

Shiroi se acercó entonces hacia la orilla de la bañera, tomando asiento en la esquina próxima, el llevó inseguramente su mano guardada por el guante blanco hacia la cabeza del joven cantante, ella se dejó caer lentamente sobre el cabello rosa, tan solo la percepción ligera de su cabello tocando su rostro de manera impar fue lo que hizo a Shuichi alzar su mirada verdi-azul a la persona a su lado. Shiroi asintió pequeñamente con la cabeza, solo parecía que Shuichi reconocía la mirada pura y profunda del joven de piel pálida, por que había tanto de él que se había perdido y no regresaría tal vez de su lejanía.  

Ella se había conservado callada hasta el momento, observando cada detalle de la actitud y movimiento del joven de piel pálida y del cantante hiperactivo, permanecía en el marco de la puerta recargando su espalda al lado y cruzando sus brazos sueltamente, asomando solo con la punta de sus ojos la escena sigilosamente, Ella siempre había sido muy cauta en cada una de sus acciones. Era tiempo de conocer al cantante de Bad Luck.  

Como si una ráfaga de viento viniera de cualquier lugar, imposible por no haber ninguna ventana abierta y la ráfaga había sido demasiado certera en su aviso, Shiroi giró sus ojos tristes hacia la joven, su mirada afilada daban la pauta. Era tiempo de ella para intervenir. Asintiendo ligeramente con la cabeza Shiroi dejó venir a la joven, y ninguno de sus pasos hizo sonido alguno cuando entró.

 

“Shiroi-san....” las palabras había salido barridas y casi muertas de los labios delgados del joven cantante, sus ojos eran medianamente abiertos, sus respiraciones cortas iban y venían dejando una sensación escalofriante en el aire.

 

Shiroi arrastró su mano desde el cabello suave, pasando por un lado de su rostro, sus dedos se arrastraban por la llanura de su oreja alcanzando la mejilla y terminando en la barbilla, no había más que comprensión en la profundidad de su mirada, adornando sus rasgos tristes y melancólicos.

 

“Shindou-san...”  era un susurro lejano la palabra que salió de sus labios con una boqueada de aire ligera calurosa. Shiroi acercó el cuerpo pequeño a la orilla donde el se encontraba y dejó un beso suave apenas perceptible sobre su frente, amansando ligeramente su cabeza acariciando el cabello suave del cantante. “todo será bien...” recargando ligeramente su barbilla sobre el cabello rosa, el abrazó pequeñamente “I promise...” finalmente, Shiroi se retiraba un poco para dar paso a la joven que salía de lo normal.

 

Ella había permanecido tranquila dándole el tiempo necesario al joven de piel pálida, sentándose a la orilla misma, sabía perfectamente que Shuichi, en su condición, ni siquiera la había percibido, y por ahora, era lo más conveniente. Acomodandose ligeramente, ella ya no cuidó de su vestido, seguramente, el se vería completamente mojado en algunos momentos. Retirando el cabello que había venido hacia su rostro ella fijaba vista en el cantante joven, Shiroi inmediatamente supo, que era momento de dejarlos a ambos. Retirando su agarro ligero, el retiraba sus brazos y dejaba a Shuichi nuevamente sumido en sus pensamientos, era Shiroi, el único vínculo por ahora que le hacían permanecer aún en la realidad.  

Echando una última mirada antes de salir, se encontró con los ojos de la joven, que dando un asentimiento ligero, daba la confianza necesaria para dejar este momento en sus manos. Soltando un suspiro pesado, Shiroi continuó sus pasos fuera de la habitación y cerró la puerta. Después de eso, el salió de la casa para tomar por algun tiempo cualquier rumbo.  

Recogiendo su pelo sujetándolo momentáneamente en una trenza suelta, ella lo acomodaba sobre su hombro derecho, parte del cabello suelto del frente aún caía y cepillaba contra su rostro. Despejando alguna de las hebras que había quedado frente a sus ojos, ella se acercaba finalmente hacia la orilla correcta de la bañera, cerrando la proximidad con el cantante joven. Una de sus manos finas viajó hasta tocar el rostro tierno con ella, y lo alzó hasta encontrarse con los ojos del cantante. Había más que ahí, solo vacío, ellos eran apagados, fuera de brillo, completamente perdidos de la realidad, encerrado en un mundo imposible de salir, un mundo de recuerdos dolorosos y sensaciones en la piel. Primero había que hacerlo reaccionar al aquí y al ahora.

 

“Shindou-san” su voz era certera y apuntaba a la dirección correcta, sin llegar a ser dura, era completamente centrada y percibida como una orden firme “Es aquí y ahora, no antes, me escucha?...venga a mi Shindou-san...” recogiendo con su otra mano el rostro amielado ella atrajo la mirada clavándola en los ojos verdi-azules atravesando cada muro y defensa débil del cantante joven, ella afilaba su mirada y percibía cada cosa que él podría estar viviendo ahora mismo.

 

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Como recorrer un vació o un oscuro hoyo negro a velocidades más allá de la luz, ella había podido encontrar los pensamientos y el momento del joven, reviviendo la escena del crimen, su cabeza la repetía como una cinta muy bien conservada una y otra vez, cada toque, cada caricia, cada momento en que su piel era manchada y deseada de manera lujuriosa y sucia, cada pellizco, mordida y lame lentamente, desde el pecho hasta el final de su abdomen, mordiendo la piel magra de su sexo dolorosamente, torturando su entrada firme, arrastrando los dedos y las lenguas por cada parte de su cuerpo, cubriendo todo con la saliva sucia de sus bocas, reclamando los labios con los suyos y obligándolo a lamer con pasión el sexo de cada uno de los hombres implicados, 8...8 hombres eran ellos, y los 8 ultrajaban el cuerpo delgado al mismo tiempo, con las palabras lujuriosas, el aliento podrido, el deseo carnal y de hacer el mal, cada una de las miradas sobre él, tomándolo  y poseyendo su cuerpo una y otra vez, y no conformándose con ello, quebrantando su frágil alma en mil pedazos, hasta que su cuerpo fue tomado por cada uno finalmente y torturada su entrada con algunos objetos más...

 

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Ella soltó sus manos del rostro y retrocedió su mirada un instante, era necesario recuperar la respiración, había vivido junto con Shuichi, cada recuerdo que su memoria había revocado y que ahora estaba reviviendo, su respiración se hizo ligeramente impar pero era prioritario recuperar su calma y control. Obligando a su cuerpo bajo su mando ella normalizó en solo unos instantes todo indicio en sus reacciones.

 

“Shindou-san, return!” la orden directa hicieron el cuerpo de Shuichi estremecer al instante, un temblor grande e incesante cubría su cuerpo entonces, su mirada se había perdido y buscaba, desesperado, alguna cosa a su alrededor, estaba perdido, casi completamente, su respiración agitó y su garganta hacía un nudo punzando dolorosamente su pecho. Jalando de la orilla de la bañera el estropajo más pronto el lo sumergió en el agua momentáneamente y comenzó un lavado desesperado. Con toda la fuerza de sus brazos el restregaba dolorosamente cada parte de su cuerpo, si hubiera sido capaz casi al punto del sangrado, enrojeciendo su piel amielada. Sus uñas parecían aferrarse fuertemente al estropajo, sustituyéndolo en ocasiones y raspando desgarradoramente su piel.  

“Shindou-san, stop!” ella retiró rápidamente el estropajo de sus manos, estremeciendo más fuertemente al cantante mientras con sus uñas propias remojaba su cuerpo y raspaba cada parte que podía llegar. Cogiendo cada una de sus muñecas, ella detuvo sus movimientos desesperados, obligándolo a mirarla finalmente y a toparse con sus ojos violeta profundos. “Detenga me oye? Detenga!” el último alzó la voz irremediablemente y arremetió el cuerpo desnudo contra la base a la espalda de la bañera, los ojos verdi-azules se encontraron con el violeta mientras la respiración intentaba normalizarse, pero el cuerpo aún se agitaba y los ojos aún eran sin vida propia. “Shindou-san...no regrese al pasado...esté aquí, en el ahora...” ablandando sus palabras y su voz, ella lo observó tiernamente contagiando el sentimiento de seguridad en él, de inmediato, ella atrajo el cuerpo mojado hacia su regazo y lo acunó como a un niño pequeño “Shindou-san...usted será seguro, no tema...sus amigos están ahora, y yo no dejaré que nadie vuelva a dañarlo de semejante modo, me entendés?...nadie...” amanzando con toques pequeños el cuerpo desnudo, ella acaricio delicadamente el rostro y espalda, recogiendo la toalla grande que descansaba sobre la manilla, ella cubrió el cuerpo para no verse afectado por el frío o algún viento imprevisto. “Lo que sucedió es real Shindou-san, pero yo lo ayudaré a salir de ello, confiará usted en mi?” sus palabras eran blandas y comprensivas, ella agachó la mirada un poco, sus ojos violeta se tornaron hermosos y brillaron por la luz reflejada de la lámpara con el agua de la bañera, aquella atmósfera de confianza y protección invadían el vaho caliente del que se cubría el cuarto de baño. Shuichi se topaba nuevamente con la mirada vítrea, y sin entender realmente por que, su alma se veía reconfortada, y cada pedazo pequeño caía sobre una almohada ligera que le hacían sentir una sensación de paz.  

Asintiendo pequeñamente, el dejó caer su cabeza sobre el pecho de la joven y perdiéndose en la atmósfera confortable y segura que ella misma emanaba...sumergiéndose en un sueño seguro y sin pesadillas por esta vez...

 

Tsuzuku..

 

Notas: Como ustedes verán, la joven aquí está formando un papel crucial en todo esto, por ello hablo mucho de lo que ella hace ne?, las cosas se irán enredando pero aclarando a la vez, se imaginan quien es la chava?...quien lo sepa, guarde el secreto ;) y quienes ya saben suponen algo de Shiroi...grande! son observadores ^-^. Ojalá y la  historia les esté gustando, porque a mi me tiene apasionada jajaja. Ya saben, cualquier comentario, reclamo, duda o lo que sea, a mi correo. Mata aimashô!.