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Parte 12.
Cruel Intentions.
Su paso tranquilo común hacía gala por las calles frías de
la ciudad, el día había sido claro por hoy y parecía que las personas salían
poco más frecuentemente de sus casas, sin embargo el frío continuaba picando.
Acomodando su gabardina grande, el productor de NG había decidido por ese día
emprender camino hacia la empresa a pie. Descansaba su mirada al suelo mirando
cada uno de sus pasos cortos, llevaba sus manos dentro de sus bolsillos, vestido
con su gabardina común afelpada del cuello y larga con caída, su gorrito típico
adornando su cabeza y su cabello rubio pálido, sus ojos azules y su piel pálida,
pantalones de vestir negros y una camisa verde oscuro cerrada completamente, hacía
gala su figura delgada que si hubiera sido femenina sería realmente bella.
Demasiado sumido en sus pensamientos recientes, chocaba de
repente con alguien de frente. Dando pasos hacia atrás por la repentina y
fuerte fricción, el productor NG no podía más que disculparse rápidamente.
“Sumimasen” el dijo rápidamente para observar a la
persona con la que había chocado.
Ella llevaba el cabello sujeto en una coleta alta sostenida
por una cinta blanca que contrastaba con lo oscuro de su cabello ondulado, no
llevaba ningún maquillaje mas que un brillo pequeño sobre sus labios, sus ojos
llevaban gafas negras con los que cubría su peculiar color. Llevaba puesto un
saco lo bastante largo para casi llegar a sus tobillos y completamente cerrado
con botones negros al igual que el saco.
La joven tenía aparentemente la mirada clavada en él, y no
es que la pudiera ver, solo que de un momento a otro el se sentía increíblemente
descubierto, como si su alma y sus pensamientos más profundos hubieran sido
revelados en un instante a la joven frente a él. Tragando ligeramente en su
nerviosismo creciente, el productor NG excusó e intentó alejarse lo mejor que
pudiera, pero la voz de la joven lo detuvo de su aparente carrera.
“Matte, Seguchi Tohma-san”
la
orden pareció hacer a su cuerpo responder inmediatamente por su propia firmeza,
él había respondido solo por inercia y se quedaba congelado por un momento.
Ella giró su cuerpo para observar la espalda del productor NG, la mirada fija
que lograba clavar tan certeramente y fría. “Yo no estaré permitiendo que usted interfiera Seguchi-san, está
advertido” Seguchi
tembló al tono de voz afilante de la joven, que quería decir ella? Sería
acaso que....no, imposible..., tragando duro el se giraba finalmente para
toparse con los lentes oscuros “See you!” y ondeando su último
adios con la mano ella giró su cuerpo haciendo el saco largo volar ligeramente
a su espalda.
Quien era ella?...como es que sabía?...que
estaba pasando?...porque se sentía tan desconcertado con su mirada, su voz y su
presencia?...
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Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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“Sabe usted lo correcto? Eiri-san?”
ella
había conservado sus manos entrelazadas en su espalda, estaba de pie,
observando aparentemente lo que había afuera, la calle y las personas, los
autos y el ruido normal de la ciudad, aunque su vista se fijaba más hacia un
punto en específico, ese día, su cabello estaba recogido en una coleta grande
ondulando ligeramente su cabello a la caída, una falda negra con ligera
crinolina abajo que dejaba ver elegantemente los bordes blancos al final, unos
botines negros de piel de punta semi-afilada, una blusa blanca de manga larga y
sobre ella, un saco largo negro que entallaba toda la parte superior y se abría
a la cintura dando más forma a la falda, el saco era igual de manga larga, y se
detenía a la altura del pecho con un botón alargado.
“De que me habla usted?” Yuki Eiri se
enderezaba del asiento reclinable grande afelpado del cuarto grande, moviendo su
cabello rubio incesantemente con la mano como acomodándolo, había demasiadas
cuestiones en su cabeza para poder estar totalmente tranquilo, y en especial,
con esa joven, sus defensas siempre se venían abajo. Yuki vestía un saco negro
y un pantalón de vestir del mismo color, una camisa azulada sin corbata y los
primeros dos botones abiertos dejando ver parte de su pecho claro, donde se
detenían los lentes negros por ahora fuera de sus ojos, zapatos negros de
charol discreto, el saco abierto con un solo botón a la altura de la cintura
pero sin estar atado, el cinturón negro con la hebilla dorada pequeña.
“Verá...”
ella cerró momentáneamente sus ojos, girando su
figura delgada, su falda ondeó elegantemente igual que su cabello, que
finalmente, caía sobre su espalda otra vez “Nosotros como humanos, somos seres sociales,
y dependemos mucho de nuestras relaciones afectivas, cuando éstas son malas
tendemos a cerrarnos...” dejándose caer entonces entada sobre mueble junto a Yuki, ella dio
pequeños golpesitos a su falda para después mirar directamente a los ojos
claros “...cada
persona tiene una historia diferente que la hace única, y cada persona está
destinada a encontrar a alguien dentro de su vida...” ante
las palabras, Eiri frunció el entrecejo “...no me mal entienda Eiri-san, no son utopías ni mucho menos,
es una realidad” retirando la mirada del joven rubio ella se recargó sobre el
mueble dejando su cabeza recargar sobre el respaldo y mirar al techo por esos
instantes “No
ha escuchado aquél dicho ‘Hago lo que no quiero hacer, y dejo de hacer
aquello que realmente deseo’?” levantando una vez más su cabeza ella descansó su mirada lejos,
recogiéndola luego para volver a mirar los ojos miel del joven escritor. “Píenselo
bien Eiri-san” poniéndose
de pie, ella cogió un vaso con agua bebiéndolo hasta la mitad y lo dejó
frente al escritor joven.
Eiri se quedó por un momento largo mirando el
vaso a la mitad, que había querido ella decir con todo eso? No era
posible...esa jovencita solo era 17 años de vida y parecía todo astuta sobre
la vida, incluso mismo, podía llevarlo a él a reflexiones que él no hubiera
querido tomar, y lo más extraño de todo, era que lo que ella decía y hacía
parecía funcionar...
Saliendo finalmente del edificio grande, Yuki
daba una última mirada hacia el ventanal grande, donde desde hacía 3 semanas
iba asistiendo todos los días prolongándose a veces hasta 3 o 4 horas,
hablando, pensando...preguntándose cosas que habría preferido siempre desviar
o incluso huir de ellas. Era gracioso pensar, sobre todo a él, que una chica de
17 años estuviera dándole tantas lecciones, y ahí el dicho ‘más sabe el
diablo por viejo que por diablo’ se quedaba corto, pues parecía que en ella
no se aplicaba ese tipo de reglas. Retirando sus lentes negros de su camisa, el
se los colocó finalmente, sacando de entre la bolsa de su saco uno de sus
cigarrillos lo prendió mientras aspiraba y lanzaba el humo al aire. Ese día,
había un sol repentino, sin embargo, aún las calles eran cubiertas por nieve
que ni por la presencia del sol parecía que deshelaría alguna vez. Acomodando
sus lentes al frente, el escritor joven guardo una de sus manos dentro del
bolsillo del pantalón mientras la otra daba un golpecito pequeño a cigarro
para retirar la colilla, mientras sus pies lo ponían en camino hacia su
destino.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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“Si”
“Si, correcto”
“No se preocupe, yo me pongo en contacto”
“Se le verá después”
El teléfono fue colgado entonces, girando su
silla observaba el puente próximo a través del ventanal grande, recargando su
codo sobre un lado de su asiento grande, su cabeza descansó sobre su mano
girada hacia abajo, mientras su otra mano se detenía en el otro espacio del
asiento. Tenía el seño ligeramente fruncido a sus pensamientos, golpeteaba con
sus dedos delgados constantemente la silla grande. Finalmente se decidió a ir a
donde su inquietud lo había llamado. Poniéndose de pie finalmente acomodó su
característica gorrita y echó a andar.
Dejando atrás el edificio grande de su
productora, subió a su auto y esperó su llegada. El departamento grande se
extendía frente a él, recuperando adelante algunos pasos el fijó la puerta
con la mano y giró, hubo una sensación de frió que corrió por su piel cuando
entró al departamento casi vacío. Echando una mirada alrededor el continuó.
Se sentaba delante de su portátil el escritor
joven, tecleando hábilmente cada uno de los caracteres japoneses de su libro
nuevo aún no terminado completamente ‘kokoro
no osobi – snow white’ estaba haciéndolo a él incluso más intrigante, sin saber
realmente donde terminaría el libro o hasta que punto llegaría, cada idea era
escrita rápidamente antes de marcharse de su memoria. Tal parecía que la
historia de su nuevo libro corría y se escribía por sí misma. Dejó el
teclado y extendió sus manos a los lados dejándolas caer pesadamente, cogiendo
un cigarro próximo de su escritorio lo encendió rápidamente y lo acomodó en
sus labios, su vista se perdió un momento ante el texto escrito... ‘ese día,
una extraña joven había arribado a la ciudad de Tokio, su semblante tranquilo
y su mirada misteriosa era un hoyo negro donde cualquiera pudiera perderse sin
volver jamás...’ Ni siquiera entendía bien porque escribía todo
ello, pero la historia estaba tomando tan nuevos giros que la hacían una novela
fuera de lo común pero a la vez parafraseada y metafóricamente rica. Soltando
una boqueada de humo de su boca, esta se extendió por sobre su cabeza inundando
el ambiente con el mal olor del cigarrillo, golpeando el final para retirar la
colilla el se detenía por un momento sobre la nada. Las palabras recientes de
la mañana de la joven repicaban en su cabeza una y otra vez.
El sonido pequeño de la puerta al abrir fue lo
que le hizo voltear de un momento a otro rápidamente, sus ojos miel rasgados se
fijaron en la figura delgada del joven productor de NG que se recargaba sobre el
marco de la puerta, el seño fruncido ligeramente, sus brazos cruzados sobre su
pecho, con pasos pequeños el llegó hasta donde el escritor joven trabajaba y
fijó su mirada en él.
“Eiri...” de pie completamente frente al
escritor joven, Eiri solo pudo mirarlo por un momento, y ese sentimiento de
inseguridad crecía rápidamente dentro de él, hacía tres semanas, las
barreras que tanto trabajo le habían costado a la soledad mantener se habían
visto pequeñas en comparación a la habilidad de la joven, y el Eiri verdadero
era tan frágil...y luego de todo, él había arrastrado a la única persona que
había dádole calor durante ese tiempo...al pequeño cantante hiperactivo. Bajo
estas condiciones y la mirada del productor NG, la figura de Eiri se derrumbaba
casi al instante.
Tohma podía ver en los ojos de su ser más amado
el vacilar y el dolor que llevaba en esos momentos consigo, Tohma no había
podido ver esa mirada transparente desde hacía mucho tiempo. Abrazando al joven
escritor y confortándolo contra su pecho, el susurró palabras consoladoras en
sus oídos intentando calmarlo, seguramente, la culpa la habría tenido el
cantante de Bad Luck, el solamente había hecho más difícil la vida de Yuki, y
él no podría permitir eso. Frunciendo más fuertemente el entrecejo, el gruñó
ligeramente por dentro mientras pensaba que hacer para poder lograr que esto
terminara de una vez por todas.
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Snow,
Snow, Snow, Snow, Snow, Snow, Snow
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Tres semanas…tres semanas habían sido desde
que el cantante joven de Bad Luck había conocido a la joven de cabello oscuro
largo que lo frecuentaba casi a diario, y en esas tres semanas el había logrado
comprender muchas cosas, Shiroi, para él era un apoyo incondicional. Shiroi se
preocupaba por él y le brindaba el calor que él tanto necesitó, puro en sus
maneras, Shuichi podía sentirse seguro completamente cuando estaba a su lado.
Ni siquiera la amistad estrecha con Hiro le habían proporcionado tal calor y
tal confianza incondicional. Hiro...su amigo incondicional, su amigo mejor, el
que siempre le proporcionaba apoyo y estaba ahí para él. Pero había que
notar, Hiro estaba enamorado de Ayaka, y él había estado con ella últimamente,
Shuichi no se lo recriminaría, al contrario, el se sentía completamente feliz
por que su amigo mejor, por fin había encontrado el amor. Además el supo bien
que Shiroi estaría ahí cuando el estuviera mal, Shiroi había sido tan
incondicional como el nunca creyó que sería un desconocido total. Hacía
semana y media que él había vuelto a pisar la productora NG y había
aparentado su habitual alegría, la que demostraría a todos que él era
completamente bien, aunque por dentro no fuera lo mismo. Los recuerdos venían a
su cabeza una y otra vez, sobre todo por las noches, los sueños se repetirían
y el despertaría totalmente agitado, su vestimenta característica incluso había
cambiado, con el pretexto de los días fríos, él solo usaba pantalones
holgados, camisas de cuello alto y de manga larga también holgadas, no se atrevía
a usar de nuevo una ropa ajustada o aquella que la distinguía, cada vez que el
se ponía algo así se sentía observado maliciosamente, usado, como si las
personas pudieran ver las heridas ocultas de su cuerpo y lo rechazaran con cada
mirada. Ella se lo había dicho, que eran solo impresiones por lo que había
sucedido, pero a pesar de ello, él no había podido retirar ese fantasma aún.
Y cada vez que su miedo reciente por las masas viniera a él y lo hiciera
perder, Shiroi había estado ahí para sostenerlo y confortarlo, y con cada
pesadilla Shiroi estaría ahí también.
Mezclado en sus pensamientos y sensaciones,
Shuichi viajaba en la motocicleta de su amigo mejor, recargando su cabeza sobre
la espalda del mismo para sentir algún tipo de seguridad. Habían llegado por
fin a su destino durante ese transcurso de tiempo.
“Shuichi, llegamos” Hiro anunció a su compañero
de viaje mientras retiraba el casco de su cabeza, renuentemente Shuichi soltó
su asimiento firme mientras retiraba el caso ce su cabeza, con su mirada baja,
su cabello calló desarreglado después de retirarlo, dejandolo al lado el bajó
completamente de la motocicleta para dejar sus manos dentro de sus bolsillos
mientras soltaba un suspiro pesado, ahí venía la actuación de nuevo.
“Shuichi, es todo ok?” Hiro se preocupó, él supo bien que su amigo mejor
actuaba frente a los demás para parecer correcto en todo y no preocupar a
nadie, pero a Hiro no lo podía engañar con esas actitudes falsas.
“Hai Hiro, no se preocupe” Shuichi alzó su
mirada y sonrió a él, esa sonrisa
significativa que siempre adornó su rostro, Hiro lo miró por un momento más,
su mirada fija se perdía en las actitudes de su amigo, no le gustó verlo así,
le lastimó muy profundo verlo de esa manera, pero si bien el había intentado
hacer algo, se había dado cuenta que el único que lo había logrado había
sido el joven de piel pálida. Suspirando en resignación
por este tiempo, Hiro dejó asegurada la motocicleta mientras ambos
entraban al edificio de la productora.
“Shindou-kun” Sakano llegaba al encuentro de
ambos jóvenes después de que atravesaron el umbral, moviendo su mano a los
lados el llegaba después de la carrera. “El Presidente Seguchi quiere hablar
con usted” Sakano reportó finalmente mientras acomodaba sus lentes en la
posición correcta.
“Seguchi-san?” Shuichi se desconcertó un
momento, cada vez que Seguchi pedía hablar en privado con él raramente era
para una buena noticia, y de solo pensarlo le causaba escalofríos irremediables
correr por todo su cuerpo. “Es bien, subiré a verlo” Shuichi dio el primer
paso y de inmediato fue detenido por la mano de su amigo mejor, girando su
cabeza para toparse con la mirada preocupada “No preocupa Hiro, estaré
bien” Shuichi sonrió lo más sinceramente que pudo mientras Hiro soltaba su
asimiento leve, Shuichi se alejaba finalmente dejando a un muy cuidado Hiro.
Shuichi avanzó, la inseguridad y la
incertidumbre del llamado hacían mella fuerte dentro de su estómago
principalmente, provocándole un sentimiento de hueco dentro de él y una
sensación llana. Dejando el elevador el se encontró frente a la puerta grande
de Seguchi, tragando duro nerviosamente, el dejó tres golpes ligeros sobre la
puerta esperando a que fuera respondida. No pasó ni 5 segundos cuando desde
dentro se oyó la orden de paso a él. Inseguro de cada movimiento que respondía
su cuerpo su mano fue llevada por el impulso a la manija de la puerta que giró
de inmediato, ella se abrió entonces y reveló la oficina ya conocida por el
cantante joven. Entrando sigilosamente el cerró detrás de si mientras
respiraba hondo un momento recuperando su energía. El asiento grande giró
delante de él y el productor de NG no hacía más que mirarlo, perturbando más
profundamente el sentimiento que venía cada vez que alguien lo veía de esa
manera.
Shuichi tenía la cabeza ligeramente tirada
abajo, la vista descansaba en el suelo, sus manos caían a sus lados cerradas,
su postura permanecía algo encorvada e insegura. Vistiendo ese día, pantalones
grises holgados completamente con bolsas a los lados, una camisa de cuello alto
negra y una gabardina negra encima, zapatos de vestir y ninguna seña de la ropa
colorida que él siempre usó, en cambio llevaba igual una gorra sobre la cabeza
del mismo color opaco que la demás ropa. Shuichi ya no era la figura alegre de
siempre, algo había cambiado repentinamente. Dejando su tren de pensamientos rápidamente
el productor arremetió el asunto que iba a tratar, si algo le sucedía al
cantante sus amigos debían ver, no él.
“Shindou-san, como le va?” el productor joven
se ponía de pie y se recargaba ligeramente en su escritorio medio sentado,
recogiendo sus brazos para cruzarlos frente a su pecho y clavando una mirada fría
y seca al joven cantante.
“Bien, supongo” Shuichi sonrió a él para
ocultar su nerviosismo y miedo a la mirada, el podría actuar mejor si no fuera
por eso.
“Ah, me alegro de escuchar eso” Seguchi se
acercó más al cantante joven hasta encontrarse completamente con su mirada,
Shuichi tembló de inmediato a la profundidad y severidad en ella, su forma frágil
ahora no podría incluso resistir ese tipo de cosas, no ahora... “Shindou-san,
yo estoy advirtiéndole por segunda vez...” su mirada aumentó su fuerza a
hicieron a Shuichi retroceder incluso “...usted solo daña a Eiri-san, no
quiero volver a saber que usted tiene algo que ver con ello, entendió?”
Seguchi tenía la mirada más fría y agria que Shuichi pudo ver alguna vez en
el rostro joven, él era severo y duro, el solo sentimiento filtrado hicieron su
pequeño cuerpo estremecer hasta casi caer, sin embargo fue su única voluntad
la que lo sostuvo.
Su respiración había cogido inesperadamente
sobre su pecho ahogándola en ese punto preciso, su mirada se perdía por un
momento largo, entre el suelo y el ventanal grande, sin querer correr de nuevo
al rostro severo, su mundo casi se venía encima en ese momento, un cristal frágil
que se venía formando dentro de él se rompía en mil pedazos, los esfuerzos
eran vanos, si no hacía algo ahora, su mente se perdería de nuevo. Con
esfuerzos casi sobre humanos el alzó un poco la vista y tartamudeó la
contestación en palabras huecas.
“Yo...yo debo...irme...” ninguna otra cosa
salió de sus labios delgados cuando el dejaba la habitación grande rápidamente
lo poco que lo ayudaban sus piernas tambaleantes. El piqueteo fuerte dentro de
su corazón hacía aumentar la presión y doler su pecho. Hacía un mes que no
veía a Yuki...y aun así él era causante del mal para él?...Shuichi se
despreció mil veces a si mismo, tal vez Yuki nunca lo amó, pero Shuichi amó
con el alma a Yuki y si él le había hecho daño...entonces lo que le había
sucedido era e castigo apropiado, el ultraje de su cuerpo había sido tal vez el
castigo que había tenido por hacer molestado a Yuki...de cualquier manera que
lo hubiera hecho...su cuerpo se tensó a cada paso largo de su andar, hasta que
él llegó a un correr rápido lejos del edificio de la productora, las
sensaciones que acogía su piel era el puro frío doloroso y las lágrimas se
enfriaban y congelaban en sus mejillas sonrosadas, la respiración partió y
agitó, la frustración venía otra vez a su mente cuando el tuvo que detenerse
a coger aire, sosteniéndose de una mano contra el árbol, su respiración no se
normalizaba a pesar de los
esfuerzos, recargando su cuerpo delgado contra la corteza áspera el se dejó
resbalar lentamente hasta tocar el suelo y
ahí recoger sus rodillas como un ovillo pequeño y frágil al frio, una vez más
sus ojos derramaban esas lágrimas interminables, su mirada apagada y el solo
sentimiento vacío dentro de su pecho.
Y la nieve comenzó su caída repentina una vez más...y
una vez más ella acompañó el dolor de sus interiores...una y otra vez....
Tsuzuku...