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Llegando
al aeropuerto de Los Ángeles, a Yuki le dolían las piernas por el bien
conocido síndrome de la clase turista, que se debía al poco espacio que había
en el avión privado de Laurence. Deseó estar en ese momento enfrente de su
escritorio trabajando en su computadora ¿por qué se había ido? Y la respuesta
llegó inmediatamente tomando del brazo:
-Es
por aquí, acompáñame- dijo Laurence dibujando una de sus encantadoras
sonrisas.
Se dirigieron rápidamente
hacia la salida del aeropuerto, donde un Mercedes Benz se encontraba estacionado
esperándolos Pero eso no fue lo único que sorprendió a Yuki, lo que lo dejó
sin habla, o mas bien, con la cara pálida tirándole a verde fue la manera en
que Laurence conducía, podía decir que vio pasar su vida frente a sus ojos y
el no estaba en ella
Al
llegar a la casa de Laurence, Yuki dio un suspiro de alivio al sentir el suelo
firme bajo sus pies. La casa era extravagante, como el carácter de la persona
que vivía en ella. El estilo no era definido, podía tener objetos clásicos y
mezclarlos con conceptos modernistas provocando una fascinación por admirar la
estancia ya que cada cosa era única y bella. Pero eso no era todo, lo que mas
resaltaba eran los cuadros, que no podían faltar en ninguna pared; eran extraños,
al contemplarlos pareciera que estaban en otro mundo; eran oscuros, siniestros,
reflejaban un realismo descarnado en cada una de las obras. Dominaba el temor
sin el sentido de piedad; una desesperación y odio te inundaban
inconscientemente y aunque quisieras apartar la vista, no podías dejar de
observar cada perfecto rasgo que dibujaban las facciones de los misteriosos
personajes, ya sean hermosos hombres con alas negras u horripilantes seres que
surgían de la oscuridad y amenazaban con salir del cuadro haciendo que tu corazón
se acelerase y un escalofrío te recorriera el cuerpo.
-¿Te
gustan mis cuadros?-
-No
sabía que pintaras tan bien- Dijo Yuki mientras observaba la firma de Laurence
de Valois en cada cuadro.
-Esto me recuerda mucho a mi
padre, que era pintor. Me acuerdo de mi niñez en Nimes, Francia., cuando él se
ponía con su caballete en el techo de la casa para pintar los amaneceres.
Recuerdo la última vez que lo vi salir
dispuesto a pintar según él la obra más hermosa que pudiera crear. Se despidió
de mi madre y mis hermanos amorosamente, pero a mí siempre me guardó un
especial cariño y me dijo que cuidara de mi familia y me prometió regresar
antes del crepúsculo. La noche cayó y con ella mis esperanzas de que cumpliera
su promesa Al día siguiente, seguía sin aparecer y mi madre nos dijo que lo fuéramos
a buscar.
Nunca lo encontramos.
Sólo quedó su recuerdo y
con él su presencia fantasma. Siempre guardábamos su lugar en la mesa y mi
madre le servía su vino y le ponía su música favorita, esas melodías las
escuché durante toda mi estancia en Francia.
Mi madre se estaba volviendo
loca y yo tenía que encargarme de todo. Teníamos que comer, por lo que
trabajaba todo el día y llegaba a cocinar y a poner las cosas en orden. Cuando
mis hermanos crecieron me fui de mi país a buscar lo que realmente quería
hacer: arte. Me encaminé a EU y mi destino se topó con mi única salvación,
un director que me transmitió todos sus conocimientos y me trató como a un
hijo. Siempre le estaré agradecido. Empecé a hacer cine pero nunca dejé mi
pasión por la pintura. Pero es una historia muy larga, de hecho, te he contado
la mayor parte, no
sé por qué me siento tan bien a tu lado.-
Yuki
no sabía que decir o como actuar, simplemente agachó la cabeza en señal de
entendimiento, ya que él también había sufrido en su infancia. Un silencio se
apoderó de ellos dos dejándolos sumergidos en sus propios pensamientos por un
rato.
-Tu
habitación es la segunda puerta a la derecha subiendo las escaleras, la mía
está enfrente, por si necesitas algo- dijo Laurence, esperando que se fuera
para dejarlo solo; lo había hecho revivir los recuerdos reprimidos de su alma,
pero quizá la culpa fuera totalmente de él.
Yuki
subió sin decir una palabra. Cuando Laurence veía subir al escritor, unas lágrimas
salieron de sus ojos.
Yuki
se quitó la camisa y los zapatos y se tendió cuan largo en la cama con finas
colchas de seda. ¿Por qué Laurence le había contado eso?, ¿por qué pintaba
de esa forma?, ¿por qué se le hacía tan atractivo?, ¿y si le dijera a
Laurence sus sentimientos, él le correspondería?. En conclusión sacó una
respuesta: No lo sé.
Las
horas pasaban y Yuki no podía dormir, había demasiadas preguntas que le
martillaban el cerebro amenazando con atormentarlo si no eran respondidas
pronto. Se preguntó si el ya estuviera ya en su cuarto. Ya era muy noche y quizá
nunca se diera cuenta de que hubiera estado ahí. Tenía que verlo.
La
indecisión se apoderó de él, pero el deseo fue mas fuerte y abrió
sigilosamente la puerta. Se acercó con cuidado para no despertarlo y se
arrodilló a un costado de la cama. Contempló su rostro; era perfecto. Ni la
hermosura de Shuichi se le comparaba, tenía que tocarlo, comprobar si era real.
Quería sentir su piel contra la suya, y un dedo tembloroso recorrió sutilmente
su mejilla y sin pensarlo se acercó hasta sentir su respiración en la suya.
Unos ojos se abrieron lentamente como si hubieran salido de un hechizo. Yuki se
sobresaltó y se alejó lo mas que pudo de él. No sabía cómo justificar su
atrevimiento.
-Te
gusto, ¿verdad?-
-eh...si...y
mucho, pero ya me voy, creo que ya no me quieres tu aquí.
¿Qué
me pasa? Pensó Yuki. Nunca había confesado sus sentimientos ante nadie, ni
siquiera a Shuichi, su antiguo amor.
-Te hubieras quedado en un hotel si no me hubiera interesado en ti. No podía dejar las cosas como estaba, tenía que hacer algo, te traje y he logrado mi objetivo. Te amo- Dijo Laurence mientras se acercaba a Yuki y le depositaba un beso lleno de deseo. Jugaba con sus labios mientras sus manos acariciaban su espalda y sus cuerpos se estrechaban en un abrazo cálido muy esperado por los dos.