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"Mi
vida con Shuichi... "
Basado en
Gravitation
Yuki x Shuichi
By Jakito
IV
Acabo
de estar revisando el armario, y encontré un rollo de fotos que había allí.
Es muy extraño, Shu no sabe sacar fotos, y yo lo hago con una cámara
digital, así que no recordaba cuando la había puesto allí. La puse en la
mesa, y a mirarla mientras bebía, como siempre. Sin inspiración, estos son
los momentos que me gustaría alguien interrumpiera. Pero el debe estar
trabajando, y no me gusta ser una molestia. La verdad es que ya casi nunca
viene para acá, a pesar de mis deseos por verle. Es una de las pocas personas
que he soportado con su ruido y su desorden. Me gustaría que viniera para
acá a vivir, pero de tan atinado que es supongo que ha de pensar todo lo
contrario. Lo que en realidad me cansa de Shu es que haya que explicarle todo
tan gráficamente, que no pueda hablar con el, que no entienda nada.
Pensándolo bien, las fotos son las que le tomó el de Ask cuando le hizo daño. Me lo había guardado en el bolsillo, cuando
acudí al llamado de “Yuki, Yuki, Yuki” de Shu que estaba afuera, vestido
de marinero. La verdad es que no supe reaccionar. Si hubiere sido en otro
momento, tal vez la hubiésemos pasado bien. Lo llevé a casa, porque aún
estaba muy débil. Y creo que nunca comprendió porqué había yo hecho tal
cosa de dejarlo, noté el peligro demasiado tarde embelesado con lo que
significa estar con alguien como Shu.
Si,
ya lo recuerdo bien, creí que lo había perdido. Creí que lo había
destruido. Y sin embargo…
Los
vasos de agua no saben tan bien, incuso poniendo al día este diario en
desuso. Ya casi es 14, marzo. Shu el mes pasado estuvo de gira, y quería
celebrar el día de San Valentín. Le dije que mejor esperásemos, yo tenía
unos asuntos pendientes, y además ninguno de los dos sabía preparar
chocolate. Desde ése día que no nos vemos. Recuerdo que rió en forma
triste. Terminé mi café, que estaba muy bueno, ese día había comprado uno
de lujo y no este mas barato, y me acerqué a besarle el cuello. Estaba un
poco reacio.
-Te
recompensaré –le susurré entre beso y beso.
Una
lata, en eso le llamaron para que fuera al trabajo. Entre giras y grabaciones,
sólo lo he visto en sus conciertos. Eso es una lata, es más, me perdí uno
por ir a una cena… Y bueno, para ser sincero, esta falta de Shu me mata.
Debería acostumbrarme, ya que así será de ahora en adelante. Voy a destruir
estas fotos. Fueron tomadas para hacer daño a Shu, y deben ser destruidas.
Las tiro al triturador, lo acciono, limpio, y se me ocurre ir a revisar mi
colección de fotos de Shu y con Shu. Estoy horas clasificando en carpetas por
fechas y motivo, creo que si vendiera algunas no muy íntimas me iría bien,
preguntaré por ello a K. ahora que recuerdo, pronto será el cumpleaños de
ese baka. Hay que ver si ha pensado en hacer una fiesta, o algo divertido.
Aún no piensa como celebridad, pero a lo mejor le hacen una fiesta. Suerte
que K sea tan comercial.
Bien,
iré a verlo. Le daré flores de regalo, para ver cómo reacciona.
Vaya,
como siempre me hacen esperar. Shu viene cansado, y les hacen dar una
conferencia de prensa. voy a los cuartos donde están, entro y le hallo
tomando agua. Sobre un sillón. Antes que se de cuenta, le saco una foto, y le
sigo sacando. Jeje.
-Yuki
¿Qué haces aquí?
-Vine
a verte, Baka. Pasaste un mes lejos. Te traje esto.- aun tiene cara de
sorpresa, qué extraño.
-¿Flores?
–los ojos se le agrandan. -¡Yuki! Se tira a abrazarme con tanta fuerza que
me voy de espaldas con el encima. -¡Yuki! se que viniste a verme a los
conciertos te veía siempre pero después no te encontrabas en ningún lado y
estábamos muy ocupados ya no aguantaba las ganas de verte como has estado te
tomaste tus medicinas has dejado de fumar has escrito mucho me has extrañado…
Lo
abrazo por la cintura, y le empiezo a besar la cara.
-¡Cállate
baka! Por supuesto que te extrañé, - me puse sobre él-sino, no estaría
aquí.
-Oye
Shindou-kun, en cinco… Oh, perdón. No sabía que… -K venía cansado.
-No
te preocupes, yo no debería estar aquí.
-Bueno,
pero tendrán una semana para desquitarse, todita libre. Les recomiendo irse a
la playa, ya te daré la dirección de una casa a salvo de periodistas.
-Gracias,
pero…
-Es
que deben aceptar mi hospitalidad, órdenes de Touma.
-¿Irá
toda la banda?
-No,
sólo ustedes dos. Al resto se le enviará a casa de tus padres.
-Vaya,
una amabilidad.
-Es
en parte para ver que ninguno de los dos escape, pero tendrán privacía
si se portan bien. aquí tienes un pase de prensa para que veas la
conferencia, después haremos que pasen al vestíbulo, ustedes dos se van por
el pasillo que ya conocen para escapar. Mañana los quiero en casa. Shu,
recupera pronto tus energías, porque grabaremos un nuevo disco.
-Si.
–subió la mano como el saludo Nazi.
-Y
ahora te vienes conmigo a la conferencia de prensa. –se detuvo y miró a Shu
– mh, planeas escapar.
-Pero
pero K porqué…-lo empieza a arrastrar por ese laberinto y les sigo.
-Pensabas
escapar, no escaparas hasta después de la conferencia.
-K…
llegamos
a un cuarto, ya los demás estaban amarrados. :%($%U
Ese K…
Fui
a la conferencia, lentes oscuros y me situé a un lado. Entraron los chicos,
empecé a sacar fotos. Estaban hablando no sé que, mi flash dejó de
funcionar, estuvo trabado un rato, cuando lo hice funcionar me miraron
enojados. Terminó la conferencia, respondieron preguntas. Una periodista
preguntó a Shu si era verdad que habíamos terminado.
-Eh…
Bueno… pregúnteselo a él.
-Y
usted sabe dónde se puede ubicar.
-Al
lado suyo.
Me
quité los lentes oscuros, y la saludé. La reacción de siempre, se echó
para atrás, pálida, y gritó: ¡Señor Yuki!
Creo
que fue un error, porque me querían sacar fotos, preguntar cosas, me fui para
atrás, y escapé. Shu y los demás me siguieron, y los guardias empezaron a
formar para no dejar pasar, yo no sabía que estaban los grupos de fans. En
todo caso escapamos. A los camerinos. Allí estaba su ropa, la cogí, me
despedí rápido de la banda, y corrí con él de mi mano. En el auto, y
saliendo, respiramos.
-¿Qué
hacemos primero?
-Debo
ir a la lavandería.
-bien,
lavandería, traje la ropa sucia que dejaste en casa.
-Gracias.
Después compraremos comida para la semana.
-Si,
ahora me han pagado todos los atrasos, así que ando con bastante dinero.
-Me
parece bien pues a mí me pagan la próxima semana.
-Vaya,
es decir que correré con todos los gastos de la semana en la playa.
-Mh…
En el mar, la vida es más sabrosa…
-En
el mar- empecé a cantar yo también- se vive mucho mas…-Cantamos a un
tiempo.
Nos
miramos y reímos.
-Y
dime Yuki, cómo has estado tanto tiempo.
-Peor
que alambre de escoba.
-¿Eh?
¿Por qué?
-Sostenido
por mil pajas.
-Ja,
no has tenido inspiración.
-Sólo
hoy, pero nada en lo absoluto.
-Creí
que buscarías una chica tonta por ahí.
-No,
en lo absoluto. ¿Y tú? ¿Muy ocupado?
-Bastante.
Ya conoces al ritmo que nos hace trabajar K. Pero te extrañaba.
-Yo
también. Ya llegamos, ponte los lentes oscuros.
Bajamos
e hicimos el trabajo de lavandería, estaba vacía por suerte. Cerca hay un
supermercado, compramos lo necesario y cargamos el auto. Lo otro lo
llevaríamos de casa. Recogimos la ropa y fuimos al departamento. En el
transcurso de esas pocas horas Shu me había pasado a tomar del brazo varias
veces. Ya sabía yo donde acabaría esta noche. Pero esta vez iba a dejar que
él tomara la delantera, ordené las cosas y él ya estaba buscando mi boca.
Dejé todo listo en el auto aparentando frialdad, armamos los bolsos entre sus
bromas y ligeros besitos. Al final le llevé un chocolate caliente y yo me
tomé un café en el sofá, me había dicho que quería ver un concierto para
saber si había algo que mejorar.
Se
terminó el chocolate, y el niño no se atrevía a acercárseme. Hay que ver
cuan difícil es que alguien te conozca al punto de saber cuándo quieres y
cuando no. Pero me miró, y me besó de una manera que sabe me enloquece. El
chico realmente tenía ganas de estar conmigo. Le abracé, y apreté contra
mí su espalda mientras una estación moralista se ridiculizaba a sí misma
hablando de lo que no sabían. Ya había encendido inciensos por toda la
habitación, para estimular su brillante mente. Las mano de muñeco comenzaron
a bajar por la espalda acariciándome como sólo él lo había hecho. Al fin y
al cabo, la templanza después del sexo sólo indica una maravillosa
convivencia difícil de sobrellevar para ambos. Nos estaba siendo doloroso
separarnos. Cuándo alcohol me había sido necesario para terminar las
páginas indicadas por mi editor, era un secreto.
Me
siguió besando, y yo no podía bajarme el cierre ni decirle que fuéramos a
la cama. Busqué su piel y la encontré. Acaricié ese terrible al tacto
precioso pedazo de pluma, pluma hecha carne por lo suave al tacto y liviano,
lo acaricié durante un buen rato sin cansarme. Nos separamos del beso, y le
sonreí.
-Eso
estuvo muy bien, Shuichi.
Escondió
su cabeza en mi hombro, dejando expuesto su cuello. Ahora creo que fue a
propósito. Su abrazo me tenía a la vez, y yo recorría salvajemente su piel
como todas aquellas veces. Pero me distraía de hecho aquellos besos en mi
propio cuello, provocándome escalofríos difíciles de entender, de
controlar. Al fin y al cabo, sin darme cuenta me había quitado la camisa, y
sus caricias eran muy atrevidas. Subió por mi cuello hasta mi boca, y
dándome el último beso, se puso de pie. Lo miré como suplicando, pero sin
palabras, me tomó la mano, y me llevó a la cama, que ya estaba abierta, con
pétalos de rosas. ¿De dónde habrá sacado la idea éste loco? No quise reirme,
el niño intentaba seducirme, así que seguí el juego. Me dejé conducir al
centro de aquel lecho subyacente de cualidades bondadosas, sábanas de satín,
de color negro estaban puestas. Seguramente las compró en su viaje. Me dejé
tender y desvestir por aquellos dedos que hacen gemir con un solo roce, una
sola caricia. Cada zona del cuerpo, como decía Hesse,
en Siddartha, cada zona del cuerpo tiene una forma
de ser acariciada, que al ser tocada de la manera correcta, canta. Los
músicos tienen una material proporción superior al resto, según Shu los
escritores también. Pero sus dedos largos y suaves y fríos me tenían como
cordero con salsa. Finalmente se quitó él su ropa, y subió de a poco
besando lo tocado, provocando estrellas en mis ojos. Una vez que llegó a
besarme el cuello, lo abracé y empecé a besar en forma casi desesperada. Nos
habíamos extrañado demasiado. Recordé la cámara, y supongo que él
también, pero ninguno quiso interrumpir este baile ritual de bienvenida. Él
solo se montó sobre mi, sin palabras, sin
aspavientos, como si fuera lo más natural del mundo, como si fuera agua en
vez de ambrosía o hidromiel, el solo, hizo un
gesto de que no moviera mis manos. Así fue que quedé con los brazos en cruz,
en medio de aquel nido de belleza. Sin ponerme preservativo, para que doliera
menos a ambos, se puso en posición y se empaló él mismo. Lanzó un grito de
angustia tras unos segundos, jadeó un par de veces, pero de su frente cayó
jugo de agrado, y tras el tirón inicial, un poco más doloroso que atrás
veces, por la misma posición, y lo apretado que estaba Shu por la falta de,
dejó de doler tanto, pero su agonía leve habría de durar unos segundos
más, doblé mis rodillas para sujetarle. Y su espalda se curvó para
sostenerse sobre ellas. Tomé uno de sus tobillos, y lo lamí de arriba a
abajo, produciéndole cierta risa para aliviar su tensión. Aún jadeaba con
dolor, pero la expresión del fuerte dolor ya se estaba borrando. Yo siempre
le había hecho algun truco para calmarle. Me
senté en la cama, y la luna fue la que penetró las cortinas, llenándonos de
una luz muy blanca, haciéndonos casi brillar por sus dones. Tomé la untura
de Shu, y lo moví hacia mí, y esta vez su quejido fue de placer. Besé su
cuello al tiempo que acariciaba su espalda para que él buscara el placer que
vino a tomar, y sus ayes del dolor que
sinceramente sentía se fueron tornando mas bien calmando, hasta volverse
gemidos insostenibles, y yo ya sentía el dolor de acercarme al final, la
tensión llenaba mi cuerpo, y se trocaba en placer en ondas ligeras, pero
insostenibles en el tiempo, shu casi adivinando
por mis movimientos comenzó a latir más rápido, me tendí en la cama, y
gocé con la observación de la estructura que brillaba con aquella traviesa
luna que nos espiaba tras las ventanas. No es mi costumbre dejar siempre las
cortinas abiertas, pero aquí me gustaba. Sujeté a Shu que se arqueó
finalmente al acabar en un grito y un chorro que parecía de fuente. Vi
descender aquello y acabé yo también, sin que se diera cuenta, al parecer.
Salió de mí con cuidado, y apoyó su cabeza en mi hombro, descansando.
Suspiré.
-Vaya
que estuviste bien, Shuichi.
Le
sentí sonreír con triunfo. Él buscaba hacerme sentir bien. Sólo eso. Lo
sentí dormido, tomé la colcha, y le cubrí. Me dormí yo también.
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A
la mañana siguiente nos embarcamos en la aventura hacia el pacífico. Yo iba
al volante, y Shu como primer almirante me iba dando las coordenadas de
nuestra locación para llegar a puerto seguro. Ibamos
felices, tal como estuvimos la semana completa. Shu estaba algre,
cuando me dedicaba a escribir, pues el paisaje era ideal para ello, se ponía
unos audífonos y ensayaba sus canciones, o perfeccionaba sus movimientos,
sabe que me gusta verle trabajar duro.
Just
ninetheen a dream scene, a six months of a bad behavior...
Rememberme
when you’re the one who always dream
Remembreme
when every noses start to bleed,
Rememberme,
special needs.
Sólo un año... en solo un año habían pasado muchas cosas, habíamos crecido mucho, nos habíamos amado mucho y simplemente no nos habíamos agotado uno del otro, habíamos hecho una especie de trato en el cual ambos nos teníamos el uno al otro. Había tenido que decirle como me gustaban las cosas, pero Shuichi trabajaba duro cuando se trataba de hacer cosas por ambos, como decía yo, por el nosotros. En el resto de las cosas nos llevábamos muy bien. Parece incluso hoy, que podemos proyectarnos mucho tiempo más. hicimos largas caminatas por la playa, juntos, por aquí no hay casi nadie, sólo ancianos, y es una cabaña de lujo, con todas las comodidades excepto supermercado cerca, pero no importa porque trajimos provisiones de cerveza y cigarros para la semana, también café y los dulces de Shu. El atardecer esta hermoso, creo que interrumpiré su práctica para verlo juntos.
Al tercer día de estar acá,
fuimos a la caleta a comprar mariscos, tenía ganas de comer algo de la zona,
y cocinarlo yo mismo. Nos pusimos jeans y algo de lana, porque hace mucho frio.
Usamos gorros para taparnos el pelo, y la gente fue muy amable, incluso
preguntaron donde nos estábamos quedando. Se tranquilizaron al ver que no
éramos extranjeros. Además, nuestros vecinos iban a salir, así que la
pequeña playa que quedaba tras la cabaña iba a ser sólo para los dos. Me
entretuve cocinando, Shu como ayudante me traía la cantidad de cosas que yo
le pedía. La alquimia de los alimentos incita a llevarlos con paciencia,
cocimientos y menjunjes similares esperan horas para hervir, pero se cocinaron
rápido. Según Laura Esquivel, cuando el ambiente es de pelea, los alimentos
han tardado horas e incluso días en cocerse. Nunca lo había notado, pero en
ese ambiente de felicidad y paz, parecían cocerse en menos tiempo del
esperado. Comimos en aquel hermoso hall con vista al mar, más bien parecía
un pasillo para que el suave aire marino libre de contaminación de la zona
pasara a las calles de este pueblito. Estaba muy cómodo en una silla, y Shu
se me arrellanó cerca, y dormimos un rato. El vino blanco da efecto de sopor.
Pero desperté con un beso suyo cerca de mi boca,
los mariscos le habían hecho efecto. Ye era pasado media tarde, y el sol
calentaría nuestros cuerpos de no encontrarnos a la sombra, ése sol intruso
que ilumina todo, hasta las más frías obscenidades. Con fuerza me puse sobre
Shu, y le di dos besos bien dados al tiempo que bajaba mis pantalones y los
suyos.
-Espera, Yuki…
Durante esos
día no había hecho ningún ademán de tener sexo, ninguno de los dos.
-¿Sucede algo?
-Es que… Quiero dar un paseo por la playa.
-Mh, no es mala idea. Me
volteé rápido, y no dije nada más para que no se me notara la emoción de
la voz. A solas vine a soltar un par de lágrimas. Me puse traje de baño, y
él ya tenía puesto el suyo. Una playera, y estaba listo. Parecía un poco
serio, fui hasta él, y lo abracé. Le molesté en el pelo, lo solté, y bajé
las escaleras. Nos estábamos volviendo amigos. Pero comprendí lo que le
pasaba, y era necesario hablarlo. Caminé con él por la playa, hablándole de
sentir la arena en los pies, la brisa marina en el cuerpo, el sol en el pelo,
de lo sexy que se veía con su color tostado natural, hasta que toqué el tema
de golpe.
-¿Te doliste de la otra vez, verdad?- Me miró sorprendido, y asintió. – lo sospechaba, hacerlo así a lo salvaje si bien es cierto que da una cuota extra de sensibilidad, y excitación, no conviene mucho a los reflejos tan sensibles tuyos. Nunca te lo había exigido porque temía dañarte. No temas, los desgarros se curan rápido bien atendidos. Si quieres ver un médico, creo que sería conveniente…
-No quiero ver a ningún
médico, Yuki.
Me extrañan sus reacciones, cada vez más seguras, como si tuviera seguro el volante para no chocar a cien km por hora, pero sin saber dónde va.
-So…
-Si ha de verme alguien, que
seas tu.
No supe qué contestarle.
Odiaba los médicos desde la muerte de su madre, pero si iba a ser necesario,
creo que podría curarse sin pasar por esa humillación. Así que suspiré.
-Está bien. –No supe qué decirle para curar ése ánimo, esa angustia.
-¡Vamos a nadar, Yuki, qué
te parece! ¡Vamos! –Sin pensarlo más me arrastró al agua. Nos mojamos y
nadamos un rato en aquella playa solitaria. Atardeció y seguimos allí. Yo
estaba preocupado, Shu era muy fácil de pescar resfríos, incluido ese
episodio bajo la lluvia. Volvimos a la cabaña, y lo sequé. Cuando le sequé
el cabello, lo besé. Mientras yo preparaba chocolate caliente, Shu secaba el
piso, que dejamos mojado y embarrado, y preparó un lugar muy rico desde donde
mirar el atardecer en la terraza. Bebimos el chocolate, y se oscureció.
Fuimos a la cocina, y comimos un preparado, y después fuimos a la cama. Shu
estaba mirando una película, boca abajo. Yo había traído una pomada que es
muy buena protegiendo, y curando, la había visto hace cosa de dos semanas, y
la compré. La llevé, y bajé los pantalones de Shu, que inmediatamente se
tensó.
-Tranquilo, sólo voy a ver.
-Es que… Yuki…
-Déjame ver, ¿Quieres? –lo miré algo frio para que entendiera. Estaba desgarrado, pero no tanto. Le besé la nalga, y me embetuné los dedos con la pomada. Lo senti tensarse de nuevo.
-Ay.
-¿Duele?
-Algo.
-¿Te duele al sentarte? ¿Al ir al baño?
-Un poco. no demasiado.
-En todo caso, la herida está limpia, así que no tardará mas que una semana.
-Lo siento.
-¿Qué cosa?
-El no poder estar contigo, todo por mi estupidez.
-No, no te preocupes. Estás conmigo ahora, ¿No?
-Si. Sonrió a través de las lágrimas que anegaron de forma repentina sus ojos. Me abrazó con fuerza, casi asfixiándome. Estaba llorando por todo lo que no lloró en el funeral. Por toda tensión de la gira. Por todo miedo, y para surcarlo más aún, el dolor. Gracias a dios sintió placer, sino, una herida mucho más honda hubiese sido abierta. Lo tuve abrazado un buen rato, mientras le acariciaba el cabello. Creo que nos dormimos.
Al día siguiente me dio por
comer cordero guisado, así que fuimos al pueblo a comprar todos los
ingredientes. Al final, demoraba tanto en cocinarse, como cuatro horas en
total, que acabamos comiendo y peleando los últimos restos de los mariscos
del día anterior. Al final, cuando estuvo listo, lo saboreamos, y
definitivamente valió la pena esperar. Estábamos alegres, bromeando,
cantando. Al final fuimos a la manta que Shu pone en el piso para mirar el
mar. Me tendí boca abajo, descalzo como estaba, sólo llevaba el bañador y
una playera porque hacía calor. Me sorprendí de sentir su boca en mis
piernas, recorriéndolas, puse mi cabeza hacia el lado y me relajé. No me
quedaba otra. *_* como si me quejara. Le sentí subir por mis muslos y la
parte de atrás de mis rodillas, con dirección a mis nalgas. Le sentí
acariciar mi espalda y mordisquearme. Le ayudé a sacarme la polera, y con el
Short me torturaba con esas lenguetadas al costado
de mi abdomen que me dejaban sin respiración. Cuando me empezó a sacar el
Short, me empecé a poner nervioso. Pero él siguió ejecutando sin notarme.
Le sentía con su lengua y sus manos mágicas, una llave especial a los
recodos del sexo. Le sentí recorrer y disfrutar mi espalda, morder mi cuello,
sentí contra mi columna su pecho respirando, y apretandose
su sexo contra mi trasero.
-Shu, no estarás pensando…
-Supongo que el estar herido no me impide hacer esto, ¿Verdad?
-Está bien, haz lo que
quieras.
Se quedo quieto y en silencio. Creí que lo había herido, pero me preguntó:
-¿Tienes preservativos en
algún lugar de la casa? No queremos ser dos los lastimados…
-Hay en el refrigerador, uno de doce, la caja esa…
-Ah, ya sé. Esperame
allí, no te muevas.
Claro, el muy… volvió con la caja en la mano, me iba a mover, pero me dejó la mano puesta entre los omoplatos, así me hacía saber que no me iba a poder mover. Se puso como cabalgante, y siguió mordiendome el cuello. Finalmente empujó hacia dentro. Ambos sentimos el dolor, el por penetrar y yo por ser penetrado. Cuando ya se hubo introducido completamente me siguió mordiendo el cuello, le empujé por las nalgas hacia dentro, me puse algo de lado, y yo le tocaba lo que podía, y él a mí. Cuando finalmente acabó, este Shu tiene una baterías que me agota, salió de mí, y se puso de frente, y empezamos a besarnos como locos, la verdad es que nos apretamos aún más uno contra el otro, sin artificios de ninguna clase, no nos habíamos bañado, estábamos sudados y sudando, el olor a mariscos y grasa, a mar y a arena, no se parecía propiamente tal a un perfume. Y nos seguimos besando con una locura propia del momento. Toda su piel, sus piernas, su pecho, su abdomen, su sexo, su cuello, estaba junto al mío y disfrutándose mutuamente.
Vale, aquí dejo el cuatro. El resto en el cinco.